TRASPASO DE PODERES
Su primera reunión con el ministro de Presidencia duró un par de horas. Saludos protocolarios, declaraciones de buenas intenciones y a casa, que toca la siguiente toma. Así es como debe de medir el tiempo ahora Soraya Sáenz de Santamaría, según dicten las necesidades de su recién nacido.
Dicen quienes la escucharon hace un par de días en la radio que hablaba en voz baja, casi en susurros. Como se habla en las casas en las que un bebé marca las normas. Aunque estés en una entrevista en directo. O precisamente por eso, no se vaya a despertar el niño y perdamos la imagen de seriedad que caracteriza a la portavoz popular. Qué sería del azote del Gobierno si la descubriésemos haciendo pedorretas para que su churumbel dejase de llorar. Adiós credibilidad.
La famosa conciliación adquiere para ella un nuevo significado. Cuando tu jefe es el próximo jefe del Ejecutivo y te encomienda la tarea de coordinar el traspaso de poderes, sueltas el chupete y coges el portafolios. Ya esconderás las manchas de leche en la solapa con un broche colocado a toda prisa en el coche, de camino al próximo encuentro. Con las ojeras igual no hay mucho que hacer, pero bastante es llegar con los ojos abiertos.
La elección no parece equivocada, desde luego, nadie va a estar más interesado que Soraya en una sucesión gubernamental rápida. No por la responsabilidad de ponerse cuanto antes a la tarea de levantar el país; ni siquiera tentada por el poder. La prisa viene porque su muñeco de diez días está en casa mientras ella pasa la mañana con Ramón Jáuregui hablando de pactos, documentos y fechas cuando lo suyo sería preocuparse de llantos, pañales y cólicos y jugar a descubrir de qué color tiene los ojos el pequeño Iván.
Si se toma su papel de madre con la misma profesionalidad con la que parece afrontar su trabajo, podemos imaginárnosla haciendo llamadas de control cada hora exacta, aprovechando cualquier mínimo descanso para conectarse vía web con la habitación del niño y llevando un registro pormenorizado de toda su actividad.
El verdadero traspaso de poderes lo está sufriendo ella, que tiene que poner en manos ajenas su bien más preciado. Al menos, contará con toda una cohorte de ayudantes para ocuparse de su hijo, suponemos. Ya es mucho más de lo que tienen otras mujeres que no pueden permitirse una baja por maternidad. Esas semanas irrenunciables de las que tantas veces ha hablado Rajoy. El mismo que con su encargo privó de ellas a la portavoz parlamentaria, por cierto.
