Los “buenos españoles”
mpiezo a estar hasta la coronilla de esas continuas apelaciones a los “españoles bien nacidos”, y a los “buenos españoles”, como si los que no compartimos sus ideas no lo fuéramos. En las candidaturas “patrióticas” caben personas que proceden de agrupaciones hitlerianas, jefas de personal de prostíbulos de lujo, condenados por malversación o por violencia de género, y defraudadores de Hacienda, porque a fin de cuentas las tradiciones españolas hay que mantenerlas.
En España es barato ser patriota, basta con poner una bandera en el balcón o llevarla como insignia. También es fácil aparentar serlo, sobre todo si no dejas hablar a los “malos españoles”, usas un lenguaje cuartelero, y vas de perdonavidas.
Frente a estos corruptores de nuestros símbolos, no queda otra que reivindicar al “buen ciudadano”, aquel que se limita a pagar sus impuestos, y ni te grita ni te restriega la bandera.
