INJUSTICIAS HUMANAS
Dejemos de inicio clara una cosita. Una injusticia “divina” – yo me inclinaría por kármica pero entonces tendría que explicarles lo que es eso y no me apetece– es que una persona que no ha fumado, ni bebido en exceso, que ha hecho deporte y se ha cuidado en general, muera de un cáncer doloroso y galopante a los 35 años mientras que otros y otras, que tratan su cuerpo como si fuera un vertedero de residuos tóxicos, comen perdices hasta los 70. Ejemplos como ese hay alguno más, pero creo que cogen la idea. Luego están las injusticias humanas, no divinas, las que tienen en el individuo el origen y, por tanto, la solución –que pasaría por eliminar de la ecuación al susodicho individuo–. Esas son las que más me interesan, por el elemento de cabreo que acarrean y que hoy he decidido compartir.
Un ciudadano se adentra en el campo de minas en el que se ha convertido la administración. Si te toca el o la funcionaria que odia su labor diaria, a sus compañeros y, en realidad, su “función”, pero no ha conseguido todavía la baja por depresión –pagada por todos–, tú y tus necesidades os perderéis para siempre como una goleta española en las Bermudas. Por contra, si te encuentras con ese servidor público que quiere poner todo de su parte para que consigas lo que te corresponde de la manera más fácil posible, sonará “La vie en rose” mientras sales por la puerta. Un señor decide seguir los pasos de Fraga y reclamar un espacio en la acera para aparcar su coche todas las noches. De hecho, ha diseñado un sistema para ser el único que puede usar esta “plaza de aparcamiento”. Debe tener un fondo especial para multas y ser un reincidente digno del Guiness porque no creo yo que la misma diligente Policía que manda una carta señalando el coche de un vecino como abandonado por aparcar un par de semanas en el mismo sitio –con todas las piezas en su sitio, la ITV al día y los seguros pagados– pase por alto esta flagrante privatización de las aceras para fines estacionarios.
Y no vamos a entrar en acosos judiciales, fraudes fiscales, tasas sin servicios, desalojos forzosos de viviendas por cuatro duros de mierda y demás situaciones que te hacen plantearte si el ser humano es capaz siquiera de entender la justicia.
