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El fracaso del versión enxebre del Villarato

VILLAR, Ángel María, se bastó y se sobró él solo para imponer su ley en el fútbol español: el villarato. Villares, Luís, que pese a su apellido –apelido deturpado, dicen los del Beneguai– es también una única persona, es incapaz imponerse en un ámbito mucho más reducido, el grupo parlamentario de En Marea, originariamente un espacio multicultural hispano-galaico y ahora sabe Dios qué. Y lo peor es que él mismo se ríe de su falta de autoridad y no se atreve a exigirle a Carmen Santos que pida disculpas por el tuit en el que relacionaba al PP con la violencia machista. “Non pretenderá que lle diga a unha muller o que ten que facer”, le contestó, casi riéndose, a Feijóo, cuando este le exigió que la parlamentaria se excusase. Mucho tiene que mandar Podemos para que ni a eso se atreva el virtuoso de la gaita y la zanfoña. Claro que a él, con que le pongan secretario mayordomo, chófer y le añadan un plus a su sueldo, todo le da igual.