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LA INCREÍBLE LEYENDA DE RICHARD MATHESON

Me enteré de su fallecimientoen “Tannhäuser”, imprescindible blog de Alberto L., uno de esos amigos con los que hablas en silencio. R. M. es el autor de dos textos sagrados para los aficionados a la Ficción Científica: “Soy Leyenda”(1954) y “El Increíble Hombre Menguante” (1956).Obvio que ninguna de sus versiones cinematográficas les ha hecho justicia suficiente; si acaso, la peli de Jack Arnold, con guión del autor, sobre un viaje alucinante al universo que se expande por debajo de nosotros. Resulta imprescindible lanzarse libro adentro en ambos casos, empapándose de su fantasmagórica racionalidad y una Poesía sin puerta de retorno.
En este largo y cálido verano en que vamos en canoa los españoles que no seamos banqueros y/o secuaces, bueno será mantener vivo el espíritu Matheson, releyendo su obra, por lo demás extensa y competente. Ah, y en caso de duda, acudir al librero…
Lo que viene a continuación, tómese como una recidiva de mi antigua enfermedad del magisterio… Hagamos una apuesta: supongamos –y no es mucho suponer– que sus retoños no son aficionados a los libros; que entre una vídeo consola y las obras escogidas de Dickens, se quedarían, mil de cada cien, con lo primero. He aquí el apasionante experimento: regalarles cualquiera de los títulos citados y arrancarles la promesa de que van a leer el capítulo primero; cumplido el compromiso, quid pro quo, recibirían algún tipo de prebenda (zascandilear en cama hasta las doce; encargar unas pizzas el domingo…).Confío en Matheson como hacedor de lectores prodigiosos; es más, una vez conseguidos unos cientos de adictos a los libros (el que prueba repite, como sucedecon las pipas heliotrópicas –y la de Sherlock Holmes–), no descarto una campaña pía para canonizar a este Ricardo, Corazón de la Amena Matemática, por su labor en pro de las juventudes ilustradas. Leyenda urbana: a los amantes del Fantástico, R. M. se les aparece sobre la mesilla, por las noches, jinete de enfebrecido minotauro, Stravinski como música de fondo, para  mostrarles su camino de Damasco…