MISTERY TRAIN
El pequeño Junior Wells necesitaba una harmónica, la había visto pero no tenía el dinero para ella. Costaba dos dólares, trabajó toda la semana para un vendedor de limonada para conseguirla, pero su patrón solo le pagó dólar y medio. Se fue al establecimiento pero el dueño quería los dos dólares. Cuando se dio la vuelta, Wells cogió la harmónica y le dejó sobre el mostrador el dólar y medio. Fue llevado ante el juez, que le mandó tocar la harmónica y al oírlo pagó los cincuenta centavos que faltaban y dijo: “Asunto concluido”. B.B. King bautizó a su guitarra con el nombre de Lucille porque unos hombres durante su actuación se pelearon al lado de un barril de queroseno y provocaron un incendio; él logró salvar a su guitarra, que le había costado un mes de trabajo, arriesgando su vida. Los hombres se peleaban por una mujer que se llamaba Lucille. Le puso ese nombre para no olvidarse de la estupidez humana. Una mezcla de casualidad, pasión y talento, no exentas de riesgo, habitan en este tren del misterio.
