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Tengo que reconocer que la proliferación de noticias de carácter económico me tiene totalmente desconcertado. Nunca me gustó la terminología que utiliza esta rama del saber humano. Recuerdo con enojo mi época de estudiante universitario, cuando me tenía que enfrentar a asignaturas como Economía Política, Hacienda Pública o Derecho Financiero.

Ahora la situación es peor; no hace falta matricularse en la facultad, basta encender la tele o la radio, para que conceptos tan técnicos como “prima de riesgo”, “participaciones preferentes”, “deuda pública” o “déficit”, sean nuestros compañeros de tertulias. Y digo yo –pues me gusta aportar mis conocimientos– que para bajar la prima de riesgo, lo mejor es fichar como ministro de Economía a Miguel Ángel Lotina. Todo lo que toca lo baja. Si ha sido capaz de descender a 5 equipos a segunda división, ¿cómo no va a ser capaz de bajarle varios puntitos a la susodicha? Sinceramente, no creo que lo hiciera peor que otros brillantes ministros de la era ZP. Ya llevados por la ironía, podríamos encargarle el gobierno a nuevos tecnócratas como Rubalcaba, Leire Pajín, Bibiana Aído y demás especímenes de la flora y fauna patria.

Creo que se merecen una oportunidad. Lo digo porque, escuchando a algún que otro tertuliano, parece que ha sido el Partido Popular quien nos ha gobernado los últimos ocho años. No entiendo nada de “participaciones preferentes”, pero sí recuerdo una película de los años cincuenta protagonizada por Tony Leblanc en la que se representaba el timo de la estampita. Juegos de engaños y de codicia. De pronto, me acuerdo de aquel famoso debate televisivo entre el socialista Solbes y el popular Pizarro. La prensa fue cuasi unánime, lo había ganado el primero.

España entera se auto engañó y tiró pa’adelante; la consecuencia es que hoy tenemos a una “prima” que ha suplantado a la “suegra” como el familiar más detestado. Lo dicho, no entiendo nada de economía, pero sí sé que en los años de la burbuja, sufrí el “síndrome del gilipollas”. Básicamente se trata de una afección en la cual comprobé como los demás se compraban una segunda residencia y yo no; los demás se compraban un coche de lujo y yo no; y de esto no tienen culpa los políticos y Ud, sí.