ELEUNACIO
Manolo levantó la vista del Diario, suspiró con fuerza, y dijo: Oye neno, ¿tú sabes si un tío que juró respetar los principios del movimiento y también la constitución, puede hacer lo que le salga de los huevos? –No tengo ni idea, Manolo, contesté. –¡Ya! –dijo Manolo, pues hay diferencias “notables y complementarias” entre unos y otra. –Ponme un ejemplo, Manolo, le dije picado.
–Pues mira neno, conozco a un tipo que por “despistar seis millones de euros” le puede caer, con la constitución en la mano, menos pena que al Lute, por robar dos gallinas en tiempos de Franco. –Bueno, dije, eso está por ver, porque con Franco la ley hacía lo que le petaba, pero ahora tenemos un rey que garantiza que todos somos iguales ante la ley. –De eso nada, neno; quien garantiza que todos somos iguales ante la ley no es el rey, sino la constitución neno; que también le obliga a él a cumplirla, aunque también dice que es “irresponsable ante la ley”. Por eso, lo de la igualdad no es más que una intención constitucional, como lo del derecho al trabajo o la vivienda, y luego pasa lo que pasa con los sin empleo, desahuciados, y otros asuntos.
–Bueno, Manolo; no voy a quitarte la razón en lo que dices, pero hay que tener fe y… –¡Para el carro, neno! –me cortó Manolo; y añadió: Para ser un tío “leído”, y presumes de serlo, me estás resultando un poco tocapelotas, neno. Deberías conocer de sobra la diferencia que hay entre llamarse Eleuterio, e Ignacio.
