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EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI

El puente sobre el río Kwai no es solo una obra maestra. Es, además, una lección de cine.

Cualquier amante impenitente del séptimo arte, sea con intenciones creativas o por el mero deleite de comprender, acaba sumergiéndose en el mecano que hace posible la narrativa cinematográfica, aprendiendo qué significa la profundidad de campo, el plano secuencia o el montaje de atracciones y cuándo están bien o mal usados y por qué. David Lean es uno de los mejores maestros para aprender uno de los posibles modelos estéticos, ciertamente no el menos efectivo, con los que puede abordarse el lenguaje propio del arte en fotogramas. Su forma de filmar El puente sobre el río Kwai, eminentemente clásica, es un cruce entre el enfoque artístico y el artesano.

Del segundo extrae Lean reglas de lo que debe y no debe hacerse. Siguiendo la senda de Hawks y Ford, apuesta por un cine horizontal, ofreciendo inolvidables travellings laterales como aquel que nos introduce al escuadrón británico dirigido por Alec Guiness, marchando a paso vivo con un silbar que es, en sí mismo, historia del cine. Del primero, una serie de intuiciones que van más allá del mero oficio. La diferencia entre el ejercicio de precisión de Don Siegel que analizábamos hace una semana, Fuga de Alcatraz, y esta película es que Lean a veces decide abandonar la precisión para buscar otras cosas. Por ejemplo, en la forma en la que cierra y abre la película. Primera y última imagen: Un plano corto del vuelo de un ave rapaz. Acto seguido, corte de plano y un travelling vertical (descendente en el comienzo y ascendente en el desenlace) que de alguna manera empequeñece el gran drama al que vamos a asistir. Teniendo en cuenta que la última palabra que escuchamos en la película -declamada por el único personaje antibelicista de la cinta, un médico británico al que el coronel de Alec Guiness confiesa “no comprender”- es: “Locura. Locura”, se entiende que esta circularidad de la puesta en escena está lejos de ser accidental. Mil ejemplos más de sabiduría cinematográfica aguardan a quien quiera descubrir, con entrada gratuita, este clásico del cine.

No es mal negocio.