ELECCIONES ANTICIPADAS
Cada cinco o seis días surge un analista político, de esos que tanto abundan aunque se ignore de dónde sacan el título, que aventura la posibilidad de que en Galicia se produzca un adelanto de las elecciones. Este tipo de predicciones se suele producir siempre en una tertulia, bien televisiva, bien radiada, lo que provoca de manera automática que quienes rodean al augur pongan rostro serio y asientan con ostentosos vaivenes de su cabeza, en el caso de la televisión, o emitan indescriptibles sonidos guturales cuando se trata de una emisión radiofónica.
Y cada vez que esto sucede, Pachi Vázquez y Guillerme Vázquez se echan a temblar. También lo hacen otros 18, uno por cada uno de los grupúsculos escindidos del Bloque y que aspiran a que finalmente Beiras no sea su cabeza de cartel. Y se tambalean como hojas en medio de un huracán, porque su peor pesadilla, en estos momentos, es que Feijóo decida que los gallegos vayamos antes de tiempo a las urnas.
Ponen cara de tranquilidad, sonríen y demuestran suficiencia. Hablan del desgaste de los recortes, de que Rajoy está fallando y no encuentra la salida a la crisis y afirman que esto merma votos al PPdeG. Y hasta es posible que tengan razón y que haya un buen número de ciudadanos que estén hartos de ver como llegar a fin de mes es cada vez más complicado y que tener un trabajo se ha convertido en una quimera.
Pero ni por esas los socialistas, el Bloque y demás nacionalistas cuando tengan siglas definidas quieren tenerse que someter al escrutinio soberano de los votantes. No lo quieren porque Pachi aún no fue capaz de cerrar las luchas intestinas que no solo rompen su partido sino que, incluso, cuestionan un día sí y otro también su propio liderato y, para mayor escarnio, con el beneplácito de Pepe Blanco, que parece que prepara su retorno a sus cuarteles de invierno gallegos como salvador de una formación en descomposición.
Y qué decir del Bloque, que escenificó la ruptura y vio cómo sus distintas familias se han ido cada una por su lado, dejando a la UPG con todo su poder, pero sin la mitad de la militancia. Nadie en su sano juicio querría asumir una cita electoral en semejantes condiciones y, por supuesto, tampoco lo quiere Guillerme, a quien se puede acusar de muchas cosas, pero no de ser poco listo.
Los otros, los que aún buscan siglas, pues eso, están naciendo. Su papel se limita por ahora a limar apoyos al Bloque y a ser los parias de la fiesta. Lo raro es que con este panorama Feijóo no haga caso de los analistas expertos y adelante las elecciones.
