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Prestige. Apreciaciones

El que contamina, paga” es un principio rector del derecho Internacional desde sus orígenes. Pero como Spain is different, aquí ese principio no se aplicó. He oído a todo tipo de comentaristas, incluidos juristas de prestigio, defender la corrección jurídica de la sentencia dictada en el caso Prestige. Y es verdad, pero desde el punto de vista de un  modesto abogado que lleva toda una vida embutido en la toga sé que una sentencia condenatoria sería igual de correcta y que sobraban los motivos para condenar a alguno o algunos de los que se sentaban en el banquillo por los terribles daños causados a las costas gallegas. Baste un breve apunte: que un capitán como Mangouras, con su dilatada experiencia y cualificación profesional, hubiera aceptado consciente y voluntariamente gobernar un buque con las clamorosas deficiencias que presentaba el “Prestige”, le obligaba a asumir el riesgo que conllevaba la navegación de aquel peligroso artilugio y, consecuentemente, los daños que podía causar con su carga. Cuestión de apreciación.