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Ferrol

La policía asegura que se incumplen las normas sobre uniformes de los agentes

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Los agentes de la Policía Local de Ferrol denunciaron la precariedad laboral con que tienen que ejercer día a día su profesión. Las críticas del colectivo se suman a las formuladas reiteradamente por el Cuerpo de bomberos de la ciudad naval, que también arremetió contra el estado en que se encuentran las instalaciones en las que se centraliza su actividad. En el caso de los policías fuentes sindicales incidieron en que el equipo de gobierno está incumpliendo en materia de equipamiento de los profesionales. Pero los problemas no terminan ahí. Algunas centrales advirtieron hace meses al alcalde, José Manuel Rey, de la caída de cascotes del alero del edificio principal de las dependencias de la Jefatura de Policía. Averías en la manguera contraincendios, las carencias en materia de habitabilidad de los calabozos –donde existen goteras, dicen “de las que se pueden recoger hasta cuatro cubos de agua en un turno, cuando llueve”– completan un sinfín de problemas denunciados por los agentes y por sindicatos como UGT, que, por el momento, el gobierno local no ha subsanado, a pesar de tener conocimiento de los mismos.

Y todo ello coincide en un momento en que la plantilla de la Policía Local está formada por 110 agentes –deberían ser 136, atendiendo al número de habitantes de la ciudad– y en el que el alcalde anuncia la puesta en marcha de la policía de proximidad, con patrullas a pie por los seis distritos locales. Ayer mismo los agentes desconocían este propósito del gobierno local, que no se les planteó oficialmente. Tampoco estarían obligados a hacerlo, ya que el equipo de gobierno, explican, tiene la posibilidad de autoorganizar la plantilla como estime oportuno, en función de las necesidades. Pero aún así, según señalan fuentes policiales, “sorprende que nos quieran poner turnos a pie por los distritos cuando no nos dan ni botas”. La situación llega a tal extremo que, según aseguran, algunos compañeros que solicitaron un nuevo par por habérseles roto –trabajando o en accidentes laborales, tal como puntualizan– las que tenían, no se las han dado. El colectivo defiende la existencia de la policía de barrio. “Todo lo que sea preventivo es más que positivo, nos parece bien, porque habría menos infracciones y delitos y es mejor prevenir que perseguir”, apuntan. Pero para ello, subrayan, es necesario disponer de los medios adecuados.

Los uniformes están caducados en lo que respecta a los elementos reflectantes, que unos tienen y otros no; las prendas que utilizan para protegerse de la lluvia han perdido, en algunos casos, su impermeabilidad por desgaste y a pesar de que la ley obliga, a los agentes que se incorporan nuevos no se les facilita calzado de verano, según figura en denuncias sindicales.

Ante esta precariedad, también se dan casos en los que son los propios agentes los que de-sembolsaron el importe de las fundas de los grilletes o de los cargadores de las armas, ante la negativa del gobierno local a sustituirlos. La razón, siempre la misma: “No hay dinero”. Pero las centrales y determinados colectivos, como el de la Policía Local, denuncian el hecho de que el gobierno local sí disponga de una partida para abonar las horas extraordinarias a los agentes que elaboren el censo de Recimil pero no para material básico de trabajo. Y ello a pesar de tener que enfrentarse en ocasiones a situaciones de riesgo. “En un desalojo de una vivienda de Recimil a los policías se les tiró aceite hirviendo desde las ventanas y una botella de butano desde un segundo piso, que cayó a cuarenta metros de un agente”. A pesar de ello, denuncian, los policías de nueva incorporación carecen de “casco antitrauma”. A todas estas críticas se suman, tal como denunció el sindicato UGT, la falta de jefes de servicio, según denuncian policía y bomberos.

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