
El Racing no pierde de vista las cuatro primeras posiciones, esas que clasifican para la fase de ascenso a la categoría de plata a la que aspira. Derrotas como la de la semana pasada ante la UD Logroñés o la de quince días antes frente al Guijuelo fueron serios traspiés para conseguir ese objetivo, pero A Malata ha acudido al rescate para mantener con vida al equipo ferrolano en esa lucha. Ayer lo demostró con la victoria sobre el Coruxo, un rival que estaba por encima en la tabla clasificatoria, pero que salió derrotado del terreno de juego ferrolano que, además, vio cómo los suyos acababan con la meta a cero por primera vez en mucho tiempo.
No tardó demasiado el partido en mudar la tranquilidad con la que arrancó por una excesiva tensión –provocada por el nivel tan alto al que el colegiado situó el capítulo disciplinario–, más relativo a lo que ambos se jugaban en este choque que a lo que se veía sobre el terreno de juego. Las llegadas a las dos porterías, de todas formas, fueron más bien escasas, así que el encuentro se concentró en disputas en el centro del campo que no conllevaban demasiado peligro, hasta que Adrián Cruz transformó la primera de ellas en gol gracias a su volea tras un rechace de la defensa visitante que le cayó fuera del área de la escuadra rival.
El gol apaciguó la situación y dio paso a los mejores minutos del Racing, que pasó a monopolizar la posesión de la pelota. De hecho, durante varios minutos el Coruxo pareció como desaparecido sobre el terreno de juego, a pesar de que cada vez que se presentaba ante la meta rival lo hacía con mucho peligro –un remate al palo de Pedro Vázquez o un cabezazo de este jugador que Mackay detuvo con apuros.
TRANQUILIDAD
Los primeros compases de la segunda parte no le ocasionaron demasiados sobresaltos a un Racing que se sintió bastante cómodo sobre el terreno de juego, incuso acercándose con peligro a la portería rival. Las cosas incluso se le pusieron mucho más favorables poco después de superar los diez minutos de juego de este segundo acto con la expulsión de Moscardó al ver su segunda tarjeta amarilla, pero la mínima diferencia que había en el marcador hizo que la incertidumbre por el resultado se mantuviese.
Llegados a la segunda parte del período final, el encuentro estaba más abierto de lo que le convenía al Racing que, de todas maneras, llegaba con cierta facilidad sobre la portería rival. Sin embargo, con lo que no contaba el equipo ferrolano era con dar una demostración de falta de puntería como la que dio. Así, Pablo Rey, Dalmau y Joselu estrellaron balones en los postes y, además, otras acciones no llegaron a encontrar el premio para el que parecían predestinadas.
Solo a diez minutos del final, cuando Dalmau resolvió un pase del juvenil Carlos López que lo dejó solo ante el portero rival, el Racing pareció respirar tranquilo. En realidad ni eso, porque de manera casi inmediata Antúnez tuvo la oportunidad de reducir distancias. Pero su fallo dio paso a un final de encuentro más o menos plácido para el cuadro verde, que fue capaz de dejar su portería a cero por primera vez en unas cuantas semanas.





















