
Ayer dio comienzo en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de A Coruña el juicio sobre una redada contra el tráfico de drogas que desarrolló la Policía Nacional en el campamento gitano de Freixeiro, en Narón, y en una vivienda situada en la calle Roncesvalles de este mismo municipio. En la vista, que tendrá continuidad hoy, se sientan en el banquillo de los acusados siete miembros de un clan gitano que en su mayoría ya fueron condenados por hechos de similares características y que se enfrentan a la petición de penas que van de nueve a once años de prisión.
Las investigaciones policiales sobre este grupo se iniciaron en enero de 2013 y concluyeron el día 25 de febrero del presente año con la entrada y registro de una vivienda en el campamento gitano de Freixeiro y un piso en la calle Roncesvalles, también de Narón. En la primera se intervinieron 43.655 euros fraccionados en más de 2.600 billetes supuestamente procedentes de la venta de drogas, además de 50 gramos de resina de cannabis.
En el piso, los agentes hallaron 2.009,1 gramos de heroína de una pureza del 26,92%, 300,3 gramos de cocaína de una pureza del 84,16%, y 498,91 gramos de cocaína de 82,65% de pureza. Se intervinieron, asimismo, 68,90 gramos de sustancia de corte, un Audi S4, un Opel Astra y varios teléfonos.
Según las conclusiones provisionales de la Fiscalía, al menos desde el mes de enero de 2013, el acusado A.C.C., alias “El Topo”, y su esposa, M.A.B.L., junto con un grupo de personas de su entorno familiar, integrado al menos por M.C.C., madre del primero, y otras dos mujeres, S.L.B. y M.M.C.C., vendían estupefacientes –cocaína y heroína– en el campamento de Freixeiro, al que el matrimonio se dirigía diariamente desde su domicilio en la calle Álvaro Cunqueiro de Ferrol.
Supuestamente, “El Topo” era el encargado de supervisar la preparación y venta de las dosis y también el destinatario principal de las ganancias obtenidas, entregando la droga a E.C.G. y S.C.G., que se encargaban de su almacenamiento en su domicilio de la calle Roncesvalles.
Por su parte, M.A.L.B., S.L.B. y M.M.C.C. acudían periódicamente al domicilio de las que almacenaban la droga para reabastecer el campamento. Al parecer, actuaban bajo el control y supervisión de M.A.B.L. y M.C.S., siendo esta última la encargada de custodiar el dinero recaudado con las ventas.
En la sesión de ayer del juicio prestaron declaración los acusados y un testigo de la defensa, un vendedor de la ONCE, que ratificó que les había tocado un premio.






















