
El capitán de navío Manuel Romasanta –San Fernando, 1960– es desde ayer el nuevo comandante-director de la primera escuela de la Armada en número de alumnos, la “Antonio de Escaño”, cargo en el que sustituye a Federico Supervielle, que se incorpora a la División de Operaciones del Estado Mayor de la Armada.
Romasanta regresa a Ferrol apenas tres años después de ser relevado como comandante de la fragata “Méndez Núñez” y en un momento que el almirante de Enseñanza Naval, contralmirante Marcial Gamboa, definió como “apasionante”. “Tomas el mando”, dijo, “de una escuela excelente y de probada eficiencia” que el próximo curso licenciará a la primera promoción de suboficiales formados en el nuevo plan de estudios. “El barco ya está en la mar y a ti te toca llevarlo a buen puerto”, señaló. Para ello, apuntó, “no estás solo; se te ha elegido no por azar, sino por una trayectoria contrastada de muchos años de servicio”.
El máximo responsable de enseñanza naval de la Armada ofreció varios consejos al nuevo coordinador del centro sobre cómo dirigirlo. “En El concepto de liderazgo de la Armada figuran 24 competencias, entre las que no están dos que son muy importantes, sobre todo en una escuela como esta, con tanta gente y donde es fundamental trabajar en equipo, sumar esfuerzos hacia un objetivo común: la generosidad y la humildad”. Gamboa recomendó a Romasanta actuar así “sobre todo con tus subordinados”, concediéndoles el tiempo para que “se puedan acercar libremente a ti para plentearte sus problemas”. “Muchas veces –añadió– no podrán solucionarse, pero ellos deben percibir que les escuchas, que empatizas y te preocupas por sus problemas”. Ese es el modo, señaló Gamboa, de “fomentar la relación imprescindible de confianza en el mando y el espíritu de equipo necesario”. La generosidad, recordó el vicealmirante, debe ser la misma a la hora de “compartir tus éxitos y el protagonismo” para “generar confianza, aumentar su motivación y obtener un rendimiento mayor”.
Además, Gamboa recomendó al capitán de navío Romasanta ser “humilde” para conseguir, dijo, “que la gente se pueda acercar a ti y decirte no lo que ellos creen que tú quieres oír, sino lo que debes oír”, puesto que de ese modo “tendrás una percepción clara de la situación”. También le aconsejó “compartir tus preocupaciones, escuchar y pedir opinión; eso, lejos de ser debilidad, demuestra inteligencia y coraje”.
profesores y alumnos
El almirante de Enseñanza Naval dedicó unas palabras a los profesores de la escuela, transmisores no solo de los conocimientos científicos y humanísticos “que siempre han caracterizado al marino”, sino de algo “más importante: nuestra esencia, lo que somos y representamos, y eso solo se hace con ejemplo”. Por último, animó a los alumnos del CAES a aprovechar los medios que la Armada pone a su disposición “para ser los magníficos suboficiales que la Armada necesita para servir a España como merece ser servida”.









