
Maria L. Fernández
ferrol
Probablemente no cuente con la mejor plantilla ni parta como favorito, pero si algo ha demostrado el Universitario durante la liga regular es que es un equipo que no se amedrenta con facilidad, que pelea hasta el final y que, además, confía siempre en sus posibilidades. Tres pilares indispensables sobre los que el cuadro departamental espera construir sus éxitos en una fase de ascenso a Liga Femenina 1 que hoy arranca en Cáceres.
Su cohesión como grupo es la principal baza que las pupilas de Lino López se jugarán en todos y cada uno de los partidos de un primer tramo de competición cuyo calendario las ha emparejado, para abrir boca, con el gran “coco” del grupo, el Universidad del País Vasco –16.00 horas–. Con cuatro partidos en otros tantos días, el margen de error es mínimo y la capacidad de las escuadras para dosificar física y mentalmente sus recursos es vital. No hay mucho margen para recuperar fuerzas, pero tampoco lo hay para asimilar los resultados, ya sean buenos o malos.
Ante este panorama, la primera toma de contacto con la competición es fundamental, y no solo por su repercusión clasificatoria, sino por las sensaciones que de ella se desprenden y la tendencia que estas marcan . Sin embargo, teniendo en cuenta la entidad del adversario, el Universitario prefiere curarse en salud, evitar dramatismos y pensar que todos y cada uno de los partidos, del primero al último, son igual de importantes y tienen el mismo valor, ni más ni menos, que el que les otorgan las victorias o las derrotas.
Además, tal y como se ha demostrado en las últimas temporadas, el margen por el que se resuelven los partidos suele ser muy importante en torneos tan cortos, proclives a los dobles e, incluso, triples empates y en los que, al final, el “basketaverage” puede acabar siendo determinante. Así pues, se trata de ganar pero, en el caso de que la victoria no esté al alcance, el objetivo es minimizar los daños numéricos y anímicos de la derrota.
Adversario
Al valorar los méritos del Universitario, a pocos se le escapa la amplia plantilla que el cuadro ferrolano ha conformado con la incorporación de Iria Villar y Lorena Touza. Junto a la llegada de Kate Mills permitió cuadrar un grupo sin fisuras con dos virtudes fundamentales: puede jugar a un alto ritmo sin que su físico se resienta gracias a sus múltiples rotaciones y, además, no está encadenado a la inspiración de una única jugadora, sino que cuenta con recursos ofensivos suficientes como para diversificar sus opciones de ataque. Kate Mills es, desde su incorporación, uno de los pilares del juego del Universitario, que cuenta, sin embargo, con jugadoras igualmente determinantes como Olivia Lett, Raquel Asensio o, incluso, Pedrals o Tajay.
El UPV es, en este aspecto, su contrapunto absoluto pues el juego de las vascas gira en torno a un quinteto de mucha calidad y, especialmente, sobre tres jugadoras que se pasan los cuarenta minutos sobre la cancha: Arantxa Novo, Miriam Forasté y Stephanie Madden. De ellas, la base ferrolana es, sin duda, su piedra angular. No solo es la máxima anotadora del equipo, su cerebro y su corazón, sino que, además, hace jugar a sus compañeras y ello la convierte en clave en todo momento.
Lino López ha de decidirse entre apostar por intentar contenerla a ella o asumir sus números y evitar que sus compañeras también aporten. La solución parece clara –que no fácil–: “Ella va a anotar, lo queramos o no –apunta el técnico–. pero es importante que no juegue cómoda, que sus porcentajes de acierto bajen y, sobre todo, que no cree para sus compañeras”.
La teoría es viable, ahora solo resta por saber si contrarrestar el “efecto Arantxa” será suficiente para que el Universitario inicie con buen pie su concurso en la fase de ascenso.




















