
José González Collado (Ferrol, 1926) no se retira de la pintura, “mi oficio, mi obligación, es el de pintor y procurar hacer obras de arte”, dice. Y así sigue, exponiendo y creando desde una postura libre, excéptica frente a la realidad y muy crítica respecto al mercado pictórico pero, aun así, “gran creyente en la humanidad”. Acaba de entregar una serie de seis pinturas que recoge el pasado de una saga familiar emigrada a América. Y en ellas se encuentra el Collado más reconocible, el de las ferias, las fiestas tradicionales, las labores de labranza, lavanderas y aguadoras. También el de las familias con maletas esperando el barco hacia el otro lado del océano.
“Es la crónica de una familia que emigró a Venezuela y después a Estados Unidos. Allí hicieron un capitalito, regresaron y han restaurado un pazo. Querían una colección de cuadros que les recordasen a sus abuelos y a sus padres”, explica el artista. “Son mis obras, pero en este caso dedicadas a una familia. Es volver un poco al pasado, aunque para mí es presente porque yo todo eso lo he vivido y lo he conocido y a muy avanzada edad porque en los 60 me fui para Madrid, con 32 años, y aquí todavía había corredoiras llenas de carros que chirriaban. La primera Vespa en Ferrol la tuve yo. En 80 años hemos pasado de esa esclavitud en que se vivía entonces a apretar un botón y que una máquina lave la ropa o que haga la comida”.
Pero lo que no cambia, para González Collado, es el oficio de pintor, un trabajo que él defiende desde el punto de vista de un artesano que le ha dedicado gran parte de su vida. “El arte requiere mucho esfuerzo, mucho trabajo y muchos estudios. Requiere saber dibujar y saber dibujar bien. El oficio del artista es muy largo. Hay que conocerlo de verdad y después buscar la creación, que es otro mundo, es encerrarte en tu casa y estudiar cada cuadro. Y tienes que pasar por todas las influencias habidas y por haber. Te depuras, te decantas, repousas y vas haciendo lentamente tu obra sin meterte con nadie. Yo cada vez más voy a lo clásico, al arte puro”. Por eso mira con escepticismo una escena artística mercantilizada. “Yo estoy al día de lo que ocurre pero estamos viviendo una época de auténtica claudicación del arte para convertirse en otra cosa. En este momento está en total decadencia, le interesa solo a unos cuantos que aun tienen sensibilidad y que incluso leen y escriben poesía”.
Sigue preocupado González Collado por el destino de su obra tras la cesión al Concello de Ferrol. “Desde hace seis meses no sé nada. Se llevaron 72 obras que estaban en la antigua Caja de Ahorros y no sé ni siquiera dónde están, ni las he visto ni me han llamado. El resto lo tengo en mi estudio. Ya no sé que hacer, si dejarlo a cero y vaciar todo esto”, se lamenta. n








