
Ante la magnitud de una catástrofe como el accidente ferroviario del miércoles en Santiago, la forma en que los familiares reciben la noticia es vital a la hora de encarar el dolor. Expertos en este tipo de siniestros se han convertido en una pieza fundamental a la hora de tratar con las familias en un primer momento.
Y es que, además de la incertidumbre y el miedo iniciales, los familiares tienen que enfrentarse a largas hora de espera antes de poder confirmar si sus seres queridos están en una lista de heridos o, tristemente, en la de fallecidos. Por eso, la atención psicológica inicial es de vital importancia para los implicados.
Para prestar esa primera atención especializada a las familias, el dispositivo especial instalado en San Cristóbal desde el minuto cero en que se conoció el accidente incluía la colaboración de un equipo de ocho psicólogos coruñeses; cuatro de ellos, del Ayuntamiento, y otros cuatro, voluntarios de Cruz Roja. Todos pasaron la noche del miércoles junto con las familias de los implicados en el siniestro.
La que para todos será una de las noches más amargas de sus vidas comenzaba con la llegada del jefe del área de seguridad, Carlos García Touriñán, a la estación de tren. Él era el encargado de iniciar el dispositivo que se llevaría a cabo en A Coruña hasta la madrugada para atender a las familias de los afectados. Tras conocerse la noticia, los psicólogos se ponían a trabajar con los familiares y allegados. Se les daba la información que llegaba desde Santiago, poca y dosificada, dicen los integrantes del operativo, porque la capital gallega estaba “colapsada”.
dispositivo
La labor en este caso del equipo psicológico se convirtió en el mayor apoyo que las familias pudieron recibir por parte de los poderes públicos. Lo importante, según explican fuentes del dispositivo, no es solo comunicar las noticias a las familias, sino hacerlo de la forma adecuada. El profesional se enfrenta a una persona deseosa de información; una información que hay que poner en cuarentena y cuya veracidad ha de cuestionarse.
A medida que se iban identificando a los accidentados, se informaba a sus allegados y se les comunicaba en qué hospital estaban siendo atendidos. Después, con la información en la mano, se les prestó el medio de transporte necesario para ir a ese centro hospitalario y poder estar con los lesionados, en el mejor de los casos. Sin embargo, a media tarde de ayer, aún quedaban cuatro o cinco heridos graves a quienes aún no se les había podido identificar.
El dispositivo coruñés se mantuvo hasta bien entrada la madrugada y solo se cerró una vez que todas las familias que se encontraban en la estación hubieron tenido noticias de sus seres cercanos y se les hubo trasladado hasta Santiago para poder estar con ellos. El propio jefe de seguridad de A Coruña estuvo en la estación hasta las cuatro de la mañana, antes de desplazarse a Santiago.
En total, el dispositivo estuvo formado por 62 personas. Entre ellos, 10 policías locales, 25 miembros de Protección Civil, 5 bomberos, 8 psicólogos, 8 voluntarios de Cruz Roja, 4 personas del 061, 1 médico y 1 ATS, además de ambulancias y vehículos policiales.










