
En las últimas tres décadas la música de Javier Bergia (Madrid, 1958) ha sido uno de los secretos mejor guardados de la escena española. Una docena de discos, sintonías para TV (“Media naranja”) y cine, escapadas al género de la música antigua con Gregorio Paniagua o colaboraciones con Ismael Serrano, Antonio Vega o María del Mar Bonet jalonan unha trayectoria tan minúscula en éxito comercial como colosal en resultados artísticos y fascinación crítica. Hoy comienza una gira por Galicia que lo llevará el domingo a las 22.00 horas a Casa Ardá (Limodre), con una entrada a 5 euros.
¿Qué temas interpretará en su concierto del domingo?
Hace ya tres años que no venía a Galicia y la echaba de menos, así que repasaré mis canciones más conocidas y adelantaré algunas del nuevo disco que saldrá en mayo y que se titula “Punto y aparte”. También haré temas de otros artistas de los años 70 a los que la industria ha sepultado y que son excelentes. Hablo de músicos como Pablo Guerrero, Hilario Camacho o Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán.
En estos tiempos en los que la realidad golpea, ¿un cantautor debe denunciar lo que pasa o mejor optar por el escapismo?
Hay artistas que reniegan del género, como si el cantautor fuese alguien que solo sabe dar el coñazo, cuando la tradición ya viene de Occitania en el medievo. Yo me reivindico cantautor y creo que tenemos una responsabilidad ante esta realidad atroz, y que lo contestatario no tiene porqué ser sinónimo de rollo. Aquí llegaron los 80 y Paco Ibáñez y los de atrás ya no valían. A mí la Movida me parece que permitió a muchos jóvenes expresarse, y eso es bueno, pero cuando lo ves con el paso de los años notas la falta de consistencia de mucho de lo que dejó.
¿Acabó aburguesándose?
En este país es fácil aburguesarse. Hablemos claro, aquí es la izquierda la que pierde las elecciones, y en la parte que me toca, la cultura, su gestión ha sido nefasta. En los tiempos de Felipe González se acostumbró al todo gratis y a que los alcaldes programaran conciertos gratis para todo el mundo, se tiraron los precios y se destruyó el tejido cultural. Luego cada uno se fue para un lobby, en la derecha o la izquierda.
¿Le molesta que digan de usted que es un músico de culto?
Cuando tenía 20 años me desesperaba si no me llamaban, pero uno acaba siendo consciente de lo afortunado que es de poder dedicarse a la música, eso lo aprendí con mi maestro Gregorio Paniagua y los años que pasamos en Atrium Musicae. Siempre he llegado o tarde o antes a todas las modas musicales, es así.
Habla de Paniagua, ¿cuáles son sus referentes musicales?
Desde los Beatles a la Mahavishnu Orchestra, pasando por la música sefardí o incluso Emilio Cao o Led Zeppelin. Concibo la música como un laboratorio en lo que no emociona no interesa, y donde uno tiene que ser fiel a sus referentes. La educación es un derecho y una obligación.
Sus letras son poéticas y tristes, sin embargo usted tiene mucho sentido del humor, como saben los oyentes de RNE.
El humor es una forma de liberación y un revulsivo para comunicar, para contraponer a la nostalgia y amargura del paso de los años. Pero sigo siendo un lector voraz de poesía, de Quevedo a Neruda o los árabes.




















