
El peso del sistema de bateas en el conjunto de la actividad extractiva de las cofradías de Ferrol y Barallobre descendió bruscamente en la primera mitad del año. Diversos factores –temporales, apertura ininterrumpida y simultánea de las zonas de libre marisqueo, etc.– explican una caída que representa una media del 57% en ambos pósitos, pero que es mucho más acentuada en el de la ciudad naval, en el que los cerca de 16.000 kilos de almeja babosa que se enviaron a depurar a las bateas de Punta San Carlos apenas suponen el 35% de los más de 45.000 que se depositaron en el primer semestre del año pasado. En Barallobre, el descenso fue algo más ligero –un 46%–, al pasar de los 32.500 kilos del 2013 a los 17.500 del ejercicio presente.
segunda caída
Si bien es cierto que la puesta en marcha del sistema de reinstalación –2012– ha permitido movilizar y comercializar una mayor cantidad de moluscos bivalvos de las zonas C de la ría de Ferrol –en el primer semestre de 2011 se vendieron en ambas lonjas apenas 22.000 kilos–, los datos indican además una disminución del interés de los mariscadores por utilizar, al menos en exclusiva, las bateas.
En análisis de los tres ejercicios en los que ha funcionado el sistema de bateas refleja, por un lado, una similitud en las cantidades totales –sea de la zona de reinstalación o de las de libre marisqueo– de babosa que se han despachado en las rulas –en Barallobre, entre los 58.300 de 2012 y los 57.300 de este–; y en Ferrol, entre los casi 63.000 a los cerca de 59.000 kilos del actual–, pero una gran diferencia en la aportación de las bateas. Así, si, por ejemplo, en el año 2012, el marisco depurado en San Carlos suponía el 89% del que se vendía en la rula de Curuxeiras, en el actual apenas llega el 27%. En Fene, el impacto nunca fue tan elevado. En 2013 significó el 56% del total, por el 30% del presente.
Los mariscadores prefieren el marisco de la zona B porque, además de que se cotiza más, pueden cobrárselo a las depuradoras a las que se lo venden casi de inmediato, mientras que el de las bateas tiene unos plazos mucho más amplios. Así, en el mejor de los casos, la almeja regresa a la lonja entre una semana y diez días después de la extracción.








