
Todo parecía a favor para que el Racing saliese de la zona de descenso. La mejor entrada de la temporada presagiaba que, por primera vez en la competición, podía enlazar dos victorias seguidas si ganaba en A Malata por sexta vez consecutiva, esta vez frente a un rival directo como el Valladolid B. Incluso los dos goles de ventaja que adquirió en una primera parte en la que mostró saber a qué tiene que jugar parecían allanar el camino. Sin embargo, en poco más de cinco minutos, todo se fue al traste. Fue lo que tardó el filial pucelano en marcar un par de tantos que propiciaron el empate final. Y eso, aunque aún tiene posibilidades, acerca al cuadro verde al descenso a Tercera.
Llegados a ciertas alturas de cualquier campeonato, los encuentros requieren de algo más que lo futbolístico. Y el Racing, tras demostrar en los últimos cinco que ha disputado en A Malata una madurez que lo condujo a la victoria, trató de repetir guion en el de ayer. Por eso, aunque cedió la posesión de la pelota a su rival, tuvo controlado a un adversario al que, además, sorprendió de varias maneras. La primera, en una acción a balón parado que acabó con el balón en el fondo de las mallas, aunque el tanto no llegó a subir al marcador porque el remate final se produjo en posición antirreglamentaria. En la segunda, sin embargo, no hubo opción a la duda, porque el remate de Joselu, en posición franca gracias a un gran pase de Pablo Rey, se coló sin remisión en la portería del cuadro rival para poner por delante a los suyos.
Era la demostración de que el Racing, ahora, sí sabe comportarse en los momentos importantes. Y así discurrió casi toda la primera parte, sin que pasase peligro a pesar de que la posesión correspondía mayoritariamente al filial del Valladolid. Por contra, cada vez que recuperaba la pelota y era capaz de lanzarse al contraataque, el peligro estaba asegurado, como cuando un balón en largo de Abel Suárez sobre Joselu hizo que este ganase la línea de fondo y centrase atrás para que Pablo Rey empalmase la pelota al fondo de la portería del cuadro visitante. Era el 2-0 que daba tranquilidad.
Riesgos
En vista de la ventaja que tenía en el marcador, la apuesta del Racing de cara a la segunda parte fue la de “dormir” el partido, que se jugase lo menos posible. Y en contraposición de la tranquilidad que reflejaba el equipo ferrolano, el filial del Valladolid se mostró nervioso, alterado y hasta por momentos desquiciado. Por eso, mientras que el cuadro visitante apenas era capaz de generar ocasiones de gol, el Racing sí dispuso de una inmejorable para aumentar su renta cuando Aarón Sánchez se quedó solo ante la portería rival. Su tiro, sin embargo, se marchó desviado y mantuvo la vida deportiva del Valladolid B en el enfrentamiento de ayer.
Con el paso de los minutos, los riesgos tomados por el Valladolid B fueron a más y el Racing, puede que instintivamente o por el empuje de su rival, se fue echando atrás. Y eso siempre es un peligro. De hecho, así el Valladolid B redujo distancias al rematar un saque de esquina. Y poco más de cinco minutos después, en una acción similar, llegó el tanto del empate para el filial pucelano y el batacazo para el Racing.
Aún quedaban diez minutos de juego, pero el cuadro verde ya estaba fundido como para buscar otro tanto. Bastante tuvo con frenar los últimos ataques de un rival y empezar a pensar que sus opciones de continuar en Segunda B se agotan. Solo le valdrá ganar los dos últimos partidos.









