Ricardo Hevia, ornitólogo de Cariño | “Se dijeron muchas barbaridades del ‘MV Hondius’ durante todo este tiempo”
El experto rompe su silencio y relata a Diario de Ferrol su experiencia a bordo del crucero

El viaje soñado para el ornitólogo de Cariño Ricardo Hevia terminó por convertirse en una travesía que ‘dio la vuelta al mundo’ a través de los medios de comunicación, y no precisamente por la hazaña de embarcarse en una expedición de 34 noches, a bordo del ‘MV Hondius’, para poder observar aves pelágicas, sino por un brote de Hantavirus que marcó el devenir de la ‘aventura’, con trece casos confirmados y tres personas fallecidas.
Cabe recordar que el recorrido comenzó en Ushuaia, Argentina, para cruzar el Atlántico Sur en una ruta con paradas en enclaves como las islas de San Pedro (Georgia del Sur), Gough Island, Santa Elena, Ascensión o Tristán da Cuña. El punto final era Cabo Verde, al que tenían previsto llegar a comienzos del pasado mes de mayo.
Primera muerte
“El viaje, en sí, fue bien. Realmente nos enteramos del problema que había el 2 de mayo, a tres días de llegar a Cabo Verde. Sabíamos que llevábamos una persona muerta desde el 11 de abril, porque se nos comunicó al momento”, comenta a preguntas de este Diario el cariñés, incidiendo en que, en un principio, todo apuntaba a un problema similar a una neumonía”, explica Hevia.
El viaje continuó con normalidad para el pasaje, de unas 170 personas de 20 nacionalidades diferentes. “Cuando llegamos a Ascensión desembarcó otra persona, por su propio pie, con los mismos síntomas del hombre holandés que había fallecido”, relata el experto, ya desde la tranquilidad de su localidad natal, añadiendo que “al salir de allí, días después, se enfermaron el médico y uno de los guías”.
Hevia incide en que los síntomas de la enfermedad “aparecían de un día para otro. Estaban bien y, de repente, les comenzaba a subir mucho la fiebre. Era como si tuviesen una gripe superfuerte”, rememora.
La siguiente “sorpresa” llegó cuando se enteraron de que la mujer del holandés, que había abandonado el viaje junto al cuerpo de su marido en Santa Elena, también había perdido la vida. Las pruebas que se le realizaron a ella –“porque el hombre estaba embalsamado”–, dieron positivo en Hantavirus. “También se confirmó después el pasajero que desembarcó en Ascensión y lo trasladaron a Johannesburgo para tratarlo en el hospital. En ese momento, bajó el capitán –uno de los tipos más honestos que vi en mi vida– a contárnoslo y por la noche murió otra señora alemana en el barco, de ochenta años”, relata el ornitólogo.

El ‘Hondius’ permaneció en Cabo Verde fondeado tres días hasta que “la compañía mandó dos aviones medicalizados desde Holanda para recoger a los afectados y trasladarlos. Todas las personas que se murieron no llegaron a pisar un hospital. El resto, se salvó”, remarca el experto de Cariño, incidiendo en que, en la actualidad, solamente una mujer francesa permanece hospitalizada, “que fue la que se puso mal cuando nos repatriaron hacia Canarias”.
Comunicación
Disponer de internet a bordo fue fundamental para Ricardo. “Hablaba con mis hermanos y ellos se comunicaban con mis padres, que son mayores. Se dijeron muchas barbaridades durante todo ese tiempo, desde que estábamos confinados hasta que la naviera nos tenía silenciados”, apunta Hevia, que vivió momentos de ansiedad ante las llamadas incesantes de la prensa para lograr sus declaraciones.
Incide en que, cuando se tuvo constancia de que se trataba de Hantavirus, cuatro médicos y expertos virólogos se subieron al barco en Cabo Verde. “Hablaban de que tuviésemos calma y nos explicaban que era muy difícil contagiarse. Y es cierto. La alemana que falleció compartía camarote con una amiga y a ella no le pasó nada. Es verdad que tuvimos medidas como las mascarillas en sitios cerrados o mantener distancia en zonas como el comedor”, apunta.
Sobre el origen del contagio —cabe recordar que se trató del virus Andes, una variante que puede transmitirse entre personas–, “nosotros mismos barajamos lo del vertedero de Ushuaia. Pero en esa zona apenas hay casos. Suelen darse en la Patagonia, en las zonas más rurales, sobre todo de Argentina, Chile o Uruguay. El matrimonio holandés llevaba cuatro meses visitando Sudamérica con una furgoneta”, explica el ornitólogo.
Cuarentena
Los 14 pasajeros españoles fueron trasladados desde Canarias a Madrid en un amplio dispositivo que culminó en el Hospital Gómez Ulla, en donde comenzaron su cuarentena. “Llegamos el día 10 y nos hicieron la primera PCR, en la que dio positivo una persona. En la siguiente, la del 18, no hubo ningún nuevo caso más y el día 25 fue el último”.
Sobre el encierro, el cariñés asegura que fue como “una cárcel”, sin poder salir de la habitación en los primeros 12 días “y en los 16 siguientes saliendo a un pasillo de 35 metros. En 28 días nos sacaron a la luz en un patio tres horas, una cada día”, expone el ornitólogo, comentando que mantenían reuniones periódicas por videollamada con el Ministerio de Sanidad y la dirección del hospital. “El trato que nos dieron en el Gómez Ulla fue buenísmo. Fantástico, te diría yo”, añade.

Tras las correspondientes pruebas negativas, las autoridades permitieron el traslado de los pasajeros a sus respectivas localidades para culminar la cuarentena en sus hogares. “La vuelta a Galicia fue penosa y así se lo trasladé a la encargada de salud de la Comunidad”, comenta el cariñés, que fue trasladado en vehículo en un viaje de unas seis horas sin apenas mediar palabra con la persona que lo fue a recoger al hospital. “No me dijo ni siquiera si quería una botella de agua, con el calor que hacía”, relata Hevia.
El trato que nos dieron en el Gómez Ulla fue buenísimo. Fantástico, diría yo. Sin embargo, el viaje de regreso a Galicia fue penoso
Una vez en su casa, las llamadas de control –“me pedían la temperatura y me preguntaban si teníamos síntomas por la mañana y por la noche”– fueron una constante hasta el fin de su encierro, el pasado sábado. “El domingo salí con unos amigos con un poco de recelo por cómo iba a reaccionar la gente, pero no tuve ningún problema. Me considero una persona bastante querida en Cariño”, comenta con orgullo.
Objetivo cumplido
Pese a todo, Ricardo Hevia se lleva una parte positiva de este viaje, relacionada como no podía ser de otra manera, con su pasión: la ornitología. “Uno de mis objetivos era observar la pardela de anteojos y vimos varios cientos”, apunta con voz ilusionada, una especie que “cría en esos islotes del medio del Atlántico”.
También avistar el albatros de Tristán, la fragata de Ascensión o el piquero patirrojo. “Esas cuatro aves para mí eran nuevas. En este viaje pude ver unas 30 o 40 especies que no había observado”, remarca. Como anécdota, Hevia explica que compartió viaje con “un médico americano y un científico turco que habían visto ya en su vida 9.500 especies de las 11.200 que hay en el mundo”. Sin embargo, en una travesía tan larga, el cariñés vivió momentos más flojos. “Estuve un día entero en el que solo vi un pájaro”, lamenta, incidiendo en que esta carencia se veía compensada, en muchas ocasiones, por la presencia de cetáceos. “Muchísimas ballenas, cachalotes, rorcuales comunes, delfines...”, enumera el experto, señalando como uno de los momentos más reseñables “cuando vimos peces voladores. Pasan entre 15 y 20 segundos en el aire. Es algo increíble. Yo ya los había visto, pero no en esas cantidades ni durante tantos días”. Por todo ello, explica que su grupo “cumplió el objetivo. No fallamos en ninguna especie que queríamos observar. Las vimos todas e incluso alguna con la que no contábamos”.
Sin duda, una experiencia que el cariñés Ricardo Hevia recordará para siempre.











