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Urge una cuestión de confianza

No, lo que está pasando en España no es normal. Parece que nos hemos acostumbrado a los sobresaltos que nos regalan desde el gobierno, es como si hubiéramos normalizado el escándalo y eso es aceptar una enfermedad, quizá terminal, que afecta a nuestra democracia y es grave, muy grave. Destruir el sistema que hemos construido entre todos es poner en peligro muchas cosas y, para mí la más importante, sembrar la incertidumbre al futuro de nuestros hijos, con eso no se juega.

La corrupción es el cáncer de la democracia y sus tentáculos van expandiéndose por todas las estructuras del poder hasta llegar al colapso. Ya vivimos episodios parecidos en los tiempos de Roldán, Filesa, Malesa Time Sport y más recientemente escándalos que afectaron también al Partido Popular y ambas circunstancias afectan al nudo gordiano del bipartidismo y ello supone la generación de inestabilidad. El resultado fue el menos esperado, por la izquierda empiezan a desaparecer las opciones que se beneficiaron del 15M mientras por la derecha Vox se mantiene y con una tendencia al alza, en definitiva, la polarización parece reforzar a la derecha mientras evapora ofertas izquierdistas asilvestradas.

Todo esto ocurre en la España del “sanchismo” sin que nadie analice las razones, el propio presidente dice no entender el crecimiento de Abascal mientras Feijóo se mantiene sin un crecimiento significativo. Quizá la explicación sea más sencilla de lo que parece. Sánchez formó un gobierno Frankenstein que no todo el mundo entendió. Sus cesiones a Bildu que se materializan con la liberación anticipada de asesinos de ETA, a los nacionalistas catalanes con la ley de amnistía y con declaraciones tan fuera de tono como aquella de “puedo gobernar sin el legislativo”, despreciando la soberanía popular, han hecho que la ciudadanía perciba un desprecio grave a la voluntad del cuerpo electoral y las contradicciones y cambios de opinión de Pedro Sánchez han colmado la paciencia de los ciudadanos.  Si a esto le añades lo sucedido con Zapatero y el registro de Ferraz, las actividades de Leire y toda la corrupción que acorrala al presidente, quizá se entienda mejor el crecimiento de la derecha.

Así la cosas, Sánchez debe de someterse a una cuestión de confianza que demuestre que el presidente mantiene los apoyos que legitiman su presidencia porque, de lo contrario, no es que se vea capaz de gobernar sin el legislativo, es que se ve legitimado para secuestrar la democracia hurtando a la ciudadanía la posibilidad de opinar a través del voto de censurar o no, la legitimidad actual de un gobierno que ya acumula más sombras que luces.

La excusa ahora es que Feijóo no presenta una moción de censura, que, a mi juicio sí debiera presentar, pero esta razón es solo una disculpa de mal pagador. Usted, presidente, tiene la obligación de demostrar que mantiene apoyos suficientes para continuar en el gobierno y esto no parece fácil, una legislatura entera sin presupuestos no es la mejor manera de legitimar su posición.

El daño a la democracia será difícilmente explicable el día que abandone la Moncloa y sí quedará patente, su falta de visión de estado y, quizá su baja talla política, sus coetáneos no lo olvidaremos, pero las próximas generaciones no se lo podrán perdonar. Los socialistas de base tendrán que preguntarse algún día si Pablo Iglesias, el socialista, fundó el partido para esto, yo creo que no.