Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

El lamento de los lamentables 

Somos un lamento entre lamentos. Lo hacemos con una palabra airada o mordida; una mirada abierta o escondida; con un gesto mohíno o despectivo. Somos un llanto de falsos lamentos.

Es cierto que en muchos casos están justificados, pero los lamentos de esos casos quedan sepultados por los infinitos lamentos de las plañideras de oficio, también los de las filias y fobias, que son mayoría.

Uno de los más repetidos en este mar de lamentos es narrar la dificultad para formar idea cabal de lo que nos sucede o sucede a nuestro alrededor, dado el exceso de información modificada ideológicamente.

Nos preguntamos: «¿Cómo podemos desvelar la verdad aun cuando esté en nuestro ánimo hacerlo?». La pregunta guarda razón, porque no es fácil discernir lo cierto de lo incierto, lo tendencioso de lo fetén. Pero deberíamos preguntarnos: «¿Realmente nos interesa?». Es más: «¿La toleraríamos?». Creo que no. Porque no podríamos lamentarnos y menos incendiarnos de indignación. La idea es repetirlo para justificarnos, pese a que en ese manejo nos estamos ofendiendo gravemente, poniendo en duda nuestra capacidad intelectual para discernir entre la indecencia de la mentira y la mentira decente.

Y en esa queja nos desentendemos, además, de nuestra condición de ciudadanos, y lo que no es menos grave, buscamos creer y hacer creer a los demás que pueden extraviarnos de nosotros mismos. Y esa mentira nos permite lamentarnos sin parecer lamentables.