Regenerar las administraciones
Siempre hubo casos de nepotismo en las administraciones públicas, pero nunca como ahora. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) atestiguó que la trama Koldo colocó en empresas públicas a parejas, amantes, amigas y asesores de un ministro del Gobierno y hay estudios que confirman que el 65% de los españoles creen que una recomendación es más efectiva para encontrar empleo que el mejor currículo. “O que ten padriño bautiza”, reza un viejo dicho galaico y los políticos de casi todas las tendencias nunca patrocinaron tantas ceremonias apadrinando a parientes y amigos.
Esto es lo que denuncia Fedeca, la organización que agrupa a los altos funcionarios del Estado, que acaba de hacer un llamamiento público a denunciar no solo el enchufismo, también la corrupción, la arbitrariedad o el acoso dentro de la Administración recogiendo la preocupación por el deterioro institucional y por la pérdida de credibilidad del aparato administrativo del Estado.
El mensaje tiene una enorme carga simbólica porque Fedeca no solo condena prácticas ilegales, también vincula la corrupción con la desaparición de los principios de capacidad y mérito y plantea que cuando los puestos públicos dejan de ser ocupados por criterios estrictamente profesionales y pasan a depender del proceder político, de relaciones y afinidades partidistas o de mecanismos discrecionales –el enchufismo tradicional– aumenta el riesgo de abuso y arbitrariedad.
Además de la denuncia, el comunicado de Fedeca llama a que los empleados públicos rompan la “cultura del silencio” muy arraigada en las administraciones. A lo largo de los años numerosos funcionarios han evitado denunciar irregularidades por miedo a represalias o vacío profesional por aislamiento interno. El hecho de que esta agrupación anime a utilizar canales de denuncia protegidos indica que percibe la existencia de malas prácticas y también una insuficiente capacidad del sistema para corregirlas de manera efectiva. El problema es que el Consejo Fiscal alerta de que la nueva ley anticorrupción diseñada por el Gobierno no protege al denunciante y entraña riesgos para su seguridad jurídica.
Fedeca no solo denuncia el enchufismo y la corrupción, expresa también el temor a que la degradación de los procesos de selección termine debilitando la estabilidad institucional del Estado. En el fondo está defendiendo una concepción de la democracia en la que la legitimidad política de los gobiernos debe convivir con una administración fuerte, profesional e independiente de la lacra del enchufismo partidista.
El mensaje final es que cuando las instituciones dejan de funcionar con los criterios profesionales de esfuerzo y mérito, la confianza ciudadana se erosiona. Y cuando eso ocurre no solo se deteriora la Administración, también se resiente la calidad democrática del país.
