Desconcierto
Una buena manera de empezar este año 2026 sería leer, para los que no lo hayan hecho, la novela “1984” de George Orwell.
La novela en cuestión nos presenta una sociedad distópica en la cual se manipula la información, donde hay vigilancia masiva sobre los ciudadanos, un aparato de censura llamado Ministerio de la Verdad y otras cosas. Lo cierto es que hay gente que encuentra similitudes con lo que está sucediendo hoy. Y no es para menos.
Pero la idea de este artículo no es comparar esta novela con el presente. Las similitudes que se puedan encontrar en ella, que las hay, no dejan de ser meras coincidencias con aristas orwellianas.
Los buenos especialistas en geopolítica nos aseguran que lo que está pasando no tiene nada que ver con la novela de Orwell. Dicen que lo que ocurre es que el mundo se está moviendo en un interregno gramsciano, es decir, viviendo la transición de un gran cambio. O lo que es igual, un espacio de tiempo en el cual lo viejo no termina de morir y lo nuevo de nacer.
En todo caso, mirado desde una óptica positiva, no deja de ser un privilegio ser testigo de lo que está pasando, lo que los chinos llaman tiempos interesantes. Porque estamos, se le etiquete con el nombre que se quiera, ante una transformación social, económica, científica y tecnológicas muy profunda. Se le podría llamar el cambio más importante en la historia humana.
Lo que está ocurriendo es de tal envergadura, por su magnitud y velocidad, que va a cambiar la vida, ya lo está haciendo, de los seres humanos para siempre puesto que el cambio es demasiado radical.
Se dice que no hay parto sin dolor. Lo que significa que los dolores continuarán durante un tiempo, quizá 10 o 15 años. Entiéndase que seguirán las guerras, la amenaza de un conflicto mayor, las ambigüedades, las deserciones políticas, las deslealtades, la confusión, etc., etc.
Lo que quiere decir que el futuro inmediato se presenta complicado, difícil, con derivas autoritarias. La palabra libertad está siendo maltratada, ninguneada, frivolizada incluso, puesto que se está asociando con tomarse unas cañas de cerveza en la terraza de un bar, insultar o calumniar al rival, al que piensa diferente o deshumanizar al inmigrante. Lo peor, como dice una buena amiga, es que hay mucho tonto suelto que compra el relato.
Decía Orwell que “despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no había escape”. Pero como uno es optimista por naturaleza cree que siempre habrá una salida, un escape.
Hay mucha confusión. Y como dice el dicho, a río revuelto ganancia de pescadores. El ciudadano se traga toda la alfalfa informativa sin cuestionarla. Lo que dicen “sus” medios va a misa. De ello se desprende y se entiende que los que discrepan del pensamiento único sean vistos como gente rara, extraña, etiquetándolos de “pro algo” o de “anti algo”.
El pensamiento crítico dejó de existir hace tiempo, causando con ello un gran daño a la sociedad. Tan es así, que el ciudadano promedio ni siquiera es capaz de diferenciar el bien del mal. Y si no puede establecer esas diferencias tampoco podrá hacerlo con los políticos y los partidos.
En todo caso, el ciudadano no sabe de la misa la media. Muestra de ello es que ignora lo que está ocurriendo en el ecosistema político europeo. No sabe que lo que deciden en él afectará, más pronto que tarde, a decenas de millones de personas. Lo triste es que el ciudadano da por sentado que son justas, ahí estriba su error, las decisiones que se toman en esos “cónclaves” supranacionales.
Sin embargo, cuando esas decisiones le pisen el callo de verdad, hasta hacerle gritar de dolor, entonces es cuando se preguntará ¿qué está pasando? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Y sí, tú ciudadano/a has hecho mucho para merecerlo. Te dejaste engatusar por aquellos políticos que tienen el insulto como argumento; vulgarizan la política hasta arrastrarla por el fango; hacen el ridículo cuando vociferan; y, además, le has dado categoría de líder a quién o quiénes no tienen ni siquiera la capacidad de gestionar la presidencia de una comunidad de vecinos. ¿Acaso eso te parece poco, ciudadano?
