Letras Españolas | Gonçalves: de claveles, fusiles y revoluciones
Luis Alonso Girgado: “Con más de quinientas páginas y un más que notable éxito de crítica, 'Revolución' es desde luego una novela ambiciosa y panorámica”

Desde que el mundo es mundo las revoluciones de todo tipo (militares, políticas, científicas, estéticas, intelectuales, etc.) se han ido sucediendo con distinta finalidad y diferentes resultados. Sangrientas a veces, ilustradas e innovadoras en ocasiones, constituyen hitos que conmocionan la existencia de una nación, el pensamiento de una colectividad, el devenir histórico –principios, ideas, creencias– y las relaciones humanas.
En los años setenta del pasado siglo, tres naciones experimentaron sendos movimientos que alteraron para bien el sistema de relaciones entre el poder, su forma de gestión y la ciudadanía. Fueron Argentina, Portugal y España las que mudaron radicalmente sus regímenes dictatoriales para pasar (no sin una violenta problemática) al asentamiento cívico de la democracia.
Por su reacción en el modo insólito, paradójico de manifestarse los sublevados, Portugal se llevó la palma al trocar armas por flores, opresión por pacifismo. Es decir, dictadura por democracia. Y como Revolución de los Claveles (1975) quedó para la Historia aquel lusitano 25 de abril en que las dictaduras de Oliveira Salazar (y su Estado Novo) y Marcelo Caetano, sostenidos por la aterradora policía política –la tristemente célebre PIDE– en un país pobre, atrasado, sometido por un régimen represor, malvivía tras casi quince años de guerras coloniales (Angola, Mozambique) y sus jóvenes soportaban un servicio militar de cuatro años, dos de ellos en los territorios africanos en los que miles de ellos murieron.
En la villa de Grândola, “terra da fraternidade”, donde “el pueblo es quien manda” al decir de la canción-himno que interpreta José Alfonso, “Zeca” Afonso, reclamando libertad para el pueblo y democracia para el país, lo que se fraguó en años de crisis violenta, de caos desatado, de enfrentamientos cívicos y disensiones militares además de exiliados, encarcelados, delatores, espías y colaboracionistas en “tiempos de plomo”, represalias, venganzas y odios.
De todo esto y más nos habla la amplia novela Revolución (Libros del Asteroide, 2025), de Hugo Gonçalves, portugués de Oporto que con ella obtuvo el Premio Fernando Namora. La traducción al español de Rita da Costa resulta ágil y la narración abarca y alterna variados registros y tonalidades expresivas; por momentos el texto está recargado en exceso.
Con más de quinientas páginas y un más que notable éxito de crítica, “Revolución” es desde luego una novela ambiciosa y panorámica, con un eje histórico contemporáneo en el que protagonistas y sucesos sostienen la estructura general de la historia, impulsada por un microcosmos familiar alineado en la burguesía acomodada, se va desestabilizando, fragmentando de acuerdo con el curso de los sucesos.
Lo histórico y lo intrahistórico, lo individual y lo colectivo, la tradición y la modernidad convergen opositivamente en estas páginas en las que Lisboa es caja de resonancia del tira y afloja entre libertad y represión, orden y caos, unidad y ruptura, monolitismo y pluralidad.
La cosmovisión se ve agitada por rápidos y contrarios cambios, por alternancias dinámicas y efímeras y por una serie de planos y perspectivas que van quebrando la realidad en la que se mueven personajes reales y ficticios; estos, los mejor perfilados, en especial la inquietante e impulsiva Malu (María Luisa) que entroniza la temática represivo-torturadora, y Frederico, desclasado y abúlico, aprendiz de periodista, contradictorio, drogadicto e inestable.
Si entendemos la epicidad como altura y grandeza, “Revolución” es épica en escasa medida. Así, las perspectivas son múltiples e incluso antagónicas, inestables y conflictivas y el narrador se atiene a una visión crítica cuya naturaleza aspira al equilibrio de tendencias y de su registro ideológico en lo político, lo ético, lo social y lo existencial.
La filiación en un realismo enraizado en la tirantez, las tentativas y bruscos cambios que vive el país ya antes de la aparición de los comunistas de Álvaro Cunhal y los socialistas de Mario Soares parece ajustada a los datos de los que informa el novelista y que no carecen de riesgo.
Los años más recientes de la historia de Portugal han serenado y europeizado la nación, librándola del peso de sectores como el colonialismo, el subdesarrollo, el poder de la Iglesia o de las Fuerzas Armadas y consiguiendo la mejor cohesión social con el funcionamiento normalizado de la vida democrática. Pero esto es posterior a la Revolución aunque de ella se deriva.
En suma: novela grande y gran novela y una Revolución inverosímil en la que el ejército paradójicamente rechaza las bayonetas y coloca claveles en la boca de fuego de sus fusiles. Toda una lírica inversión que impuso sin embargo los valores de libertad, justicia, democracia y progreso en el que no era “un país pequeño”, como proclamaban sus sucesivos dictadores, tras siglos de grandeza.







