Letras Españolas | Imre Kertész: itinerario de presidios
“Es una historia testimonial vista desde una perspectiva individual sobre un conjunto bélico e ideológico en el que alemanes, húngaros y rusos se implican contra los judíos”

La concesión del Premio Nobel de Literatura 2025 al escritor húngaro Lászlo Krasznahorkai es la justificación que nos ha llevado a ocuparnos de algunos coetáneos o antecesores del mismo entre los siglos XIX y XX; a novelistas sobre todo nos referiremos. El país magiar resulta, sobre todo en su etapa bajo la dominación comunista, un país cerrado y marginal, con un idioma tan difícil como incógnito que resulta sumamente complicado para traducir.
Hungría es una nación cercada por la soledad, el misterio y el aislamiento, rodeada por hostiles vecinos rusos o alemanes que los han invadido y sometido en los años centrales del siglo XX marcados por el fascismo, el comunismo y la guerra fría, por el telón de acero y el muro de Berlín; en suma, por continuados enfrentamientos bélicos y su cortejo de exiliados, presos y fusilados, sus crisis de hambruna y miseria y falta de libertad y la proliferación de campos de concentración (lo que los franceses llamaron “el universo concentracionario”) y el aterrador y polémico “holocausto judío”. De este laberinto trágico y tenebroso la nación ha salido, hoy ya dentro de la Comunidad Europea.
En años tan sombríos como precarios y hostiles, hubo narradores que se distinguieron en la Europa de entreguerras. Así empezaron a sonar nombres como los de Lajos Zilahy (“Algo flota sobre el agua”), Arthur Koestler (“El cero y el infinito”), Attila Bartis (“La calma”), Sándor Marai (“El último encuentro”, “Último día en Budapest”), Imre Kertész (“Sin destino”, “Liquidación”), Adam Bodor (“El distrito de Sinistra”), László Krasznahorkai (“Melancolía de la Resistencia”, “Tango satánico”) y el teórico marxista que fundamentó el socialrealismo por países de buena parte de Europa y sobre todo de la URSS y los incorporados al Telón de acero: Georg Lukacs (n. en Budapest, 1885) y autor de Ensayos sobre el realismo y Teoría de la novela.
Sin destino (Acantilado) fue la primera novela con la que se dio a conocer en 1975 el notable novelista húngaro Imre Kertész. Evita la prédica tendenciosa socialrealista y adopta un posicionamiento equilibrado, con un cercano objetivismo y un protagonista adolescente, antiheroico, cuya trágica peripecia por la Hungría bajo el dominio invasor nazi, constituye un viaje que resulta ser una trampa que recorre cuatro hitos infernales: Auschwitz, Dachau, Buchenwald y Zeitz. De tal recorrido es viajero y víctima un adolescente destinado a “trabajos obligatorios” por su condición de judío, estigma simbolizado en la estrella de David amarilla que lo proclama apestado frente la superior pureza aria.
Un trato inicial casi de cortesía enmascara la naturaleza del viaje, que se va haciendo en un paulatino crescendo, un fatídico destino a los campos de exterminio con sus atroces hornos crematorios. Tal viaje marca en el viajero un proceso de toma de conciencia, de autoformación, conciencia identitaria y un incremento de maltratos, violencia, privaciones: todo un calvario de sometimientos, crueldades, pavor que, finalmente, remata en un final de esperanzadora llegada y liberación, de acuerdo con la historia de los hechos... y la llegada al poder del comunismo soviético.
“Sin destino” es una historia testimonial vista desde una perspectiva individual sobre un conjunto bélico e ideológico en el que alemanes, húngaros y rusos se implican contra los judíos. La temporalidad de la narración es de dibujo lineal que va desplegando sucesivos episodios y mostrando una pequeña galería de bien distintos personajes.
La veracidad histórica de todo el conjunto es base de la novela, cuyo empeño es reconstruir la situación y la atmósfera de la época. Todo aquí es predecible y nada resulta ni sorprendente ni impostado. Lo sombrío, la tristeza, y el dolor frecuentes en las literaturas eslavas reaparecen aquí, de nuevo, una vez más.








