
En el año 2013 comenzó la emisión, en un canal de contenidos de pago, del primer capítulo de la serie irlandesa “Vikingos” dirigida por Michael Hirst (guionista de la película “Uncovered” basada en el libro de Pérez-Reverte “La tabla de Flandes”) y compuesta de 89 episodios en 6 temporadas. A raíz de esta serie se genero un “spin-off” de la misma , denominada “Vikingos Walhalla”, basada en acontecimientos sucedidos cien años después de la primera serie y que vio la luz en el año 2022; esta compuesta por 24 episodios en 3 temporadas y dirigida nuevamente por Michael Hirst, bajo la misma plataforma de pago que la anterior.
Walhalla el paraíso vikingo
Con el nombre de Walhalla se conoce el entorno paradisíaco creado por el Dios nórdico de la guerra Odin, en el cual eran acogidos los guerreros fallecidos valientemente en los combates, que eran preparados para la gran batalla final conocida como Ragnarok (el apocalipsis vikingo), siempre bajo los cuidados de la walkirias, proporcionándoles alimentación a través de un compuesto denominado hidromiel y con la carne de un jabalí mitológico que se regeneraba continuamente. Las walkirias también, de forma representativa, formaron parte de la obra el anillo de los nibelungos del compositor Richard Wagner en el personaje de la princesa Brunilda.
No todos los guerreros eran destinados a este paraíso mitológico, ya que otra parte de los belicosos vikingos fallecidos en los combates eran destinados a otro idílico lugar denominado Sessrumnir (la sala de los asientos), capitaneado por los diosa del amor y de la fertilidad Freyja. Siendo esta conocida como la venus vikinga, conducía un carro que iba tirado por gatos y la sexualidad era la parte central de su ser, para su uso y disfrute, a veces con tonos afectuosos pero también otras como medio para manipular y ejercer la violencia.
Vamos de nuevo a emplear nuestro cronoscopio (como ya hicimos en su día para transportarnos a la ubicación y año de la batalla de Rande) para avanzar a través a las olas del tiempo y llegar al comienzo de la era vikinga, cuyo origen se remonta a finales del siglo VIII d.C..
De todas las imágenes asociadas a los vikingos, una de las mas impactantes es la de sus grandes naves oceánicas (conocidas como drakkars), con proas en forma de dragón que se han popularizado gracias a filmografías y otras representaciones como el tapiz de Bayeaux.
Esta obra de arte ha sobrevivido casi mil años y se encuentra en el Museo de Bayeux (Francia), donde es cuidadosamente preservada. Es una de las piezas más destacadas del arte medieval y una fuente histórica de un gran valor, documentando la conquista normanda de Inglaterra en 1066. Se trata de un bordado de aproximadamente 70 metros de largo y 50 centímetros de alto, elaborado en el siglo XI, pocos años después de la batalla de Hasting. La extraordinaria combinación de arte,narración histórica y propaganda política que posee lo convierte en una gran obra maestra de la Edad Media.
Expertos en la historia vikinga, afirman que la época comienza en 8 de Junio de 793 d.C, con el asalto al monasterio de Lindisfarme (Inglaterra) y finalizando el 25 de septiembre de 1066 con la batalla de Stamford Bridge, en la cual falleció el rey de Noruega Harald el despiadado con una flecha clavada en su garganta.
Los primeros ataques vikingos, sobre lo que hoy es nuestro país, comenzaron a mediados del siglo IX. Una gran flota vikinga realizó incursiones a lo largo de la costa norte de la península para continuar hacia el sur y adentrarse en territorio musulmán.
El asalto a la ciudad de Sevilla esta documentado por Ahmad Ibn Muhammed al Razi (relevante historiador y geógrafo cordobés de ascendencia persa que vivió en el siglo IX), autor de la narración de los hechos del saqueo a la ciudad durante 7 días por los invasores vikingos, asesinando a los hombres, llevándose a las mujeres como esclavas y también a los niños. Esto llegó a los oídos del emir Abderraman que reunió un gran ejercito sacando a los vikingos que estaban atrincherados en la isla Menor, derrotándolos y colgando los cadáveres de los enemigos muertos en las palmeras de la ciudad. Los supervivientes de la masacre abandonaron 30 naves, zarpando hacia Escandinava en las restantes.

En el año 968 hubo una nueva incursión en la península ibérica, llegando a establecer una base en el rio Ulla, cerca de Santiago de Compostela, para saquear los campos gallegos durante tres años.
La nave de Gokstad
Entre las costumbres de los vikingos se encontraba la de enterrar a sus muertos o incinerarlos junto a los objetos que necesitarían en el otro mundo, incluyendo armas, muebles o incluso un barco si el difunto era lo bastante rico.
Los barcos se podían quemar o bien enterrarlos en un hoyo de gran profundidad, pero el gran inconveniente del enterramiento, era que se vislumbraba un montículo de tierra de gran tamaño encima del lugar.
En el año 1880 se hizo un descubrimiento que hizo despertar la imaginación de millones de personas; en Gokstad (Noruega) se encontró un barco vikingo del año 900 d.C.
La partes superiores de la proa y la popa habían desaparecido y el mástil fue cortado para que no emergiera de la superficie del enterramiento, pero aparte de esto, el resto del barco estaba completo. La nave mide cerca de 23 metros de eslora y su manga máxima es de 5,2 metros. La altura de la quilla hasta la regala es de 2 metros y se calculó que el peso del barco con todos sus aparejos podía alcanzar las 20 toneladas.
En su interior se encontró la junta del mástil y dieciséis pares de remos. Los restos del barco de Gokstad, se encuentran en un museo construido especialmente en Oslo, junto a los restos de otra nave encontrada en la localidad de Oseberg y otra en Tune.l








