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Narón

Rozando el lleno ante el regreso de José Sacristán a Narón: "Hay quien escucha necedades y está encantado de oír al idiota"

El Festival Singular arranca con una representación que recoge la infancia y juventud del cómico Fernando Fernán-Gómez

El actor durante una representación
El actor durante una representación
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“Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán-Gómez, a escuchar. Durante unos cuantos años tuve el privilegio de estar cerca de él y escucharlo”. Así presenta José Sacristán –encargado de la adaptación y dirección, así como de la puesta en escena– de la obra que abre el Festival Singular. “El hijo de la cómica” no es solo una representación en solitario, si no también un recuerdo a la infancia y juventud del que fue su mentor y amigo y, por tanto, el actor confía en que, este viernes a partir de las 20.30 horas, “me escuchéis con la misma o parecida emoción con la que yo lo escuchaba a él, el nieto de la costurera, el hijo de la cómica”.

Habla usted de que Fernando Fernán-Gómez le enseñó a escuchar, ¿qué significa esto?

Se supone que hay que saber distinguir cuándo hay que escuchar y cuándo no. Aprender a escuchar, la disciplina, es aquello que se supone que es interesante. Sin embargo, hay quien escucha barbaridades y realmente disfruta de escuchar la barbaridad, y hay quien escucha necedades y está encantado de oír al idiota, ¿no? En mi caso, todo lo que venía de Fernando era interesante. Cada uno hace su propia selección en función de gustos o intereses.

Comenta que todo lo que venía de Fernando era interesante, ¿cómo escoge qué pasajes de “El Tiempo Amarillo” mostrar al público?

Me interesaba contar el niño  y el adolescente que fue Fernando Fernán, la parte que menos se conoce de él. También hay espacio para la gente que le rodeaba y las circunstancias que vivió y cómo vio él, cómo cuenta él la España de su tiempo, desde que nace hasta que tiene 24 años.

Usted lo conoció personalmente, ¿hubo algo que le sorprendiera al preparar el montaje?

No especialmente, porque el libro de memorias ya recogía mucho de lo que yo conocía por nuestras conversaciones a lo largo de los años. Más que sorpresa, lo gratificante ha sido la respuesta del público.

Teniendo en cuenta al espectador, como actor, director y también persona que se encargó de la dirección, ¿qué busca que el espectador se lleve a casa después de ver la obra?

La emoción. Básicamente, la emoción. Estamos hablando de una época marcada por la Guerra Civil y la represión franquista, un tiempo duro y muy intenso. Si algo debe permanecer en el espectador es esa emoción.

¿Cómo se consigue transmitir algo tan complejo estando solo en el escenario?

Con el propio material y con la capacidad de transmisión. El texto tiene fuerza suficiente y mi trabajo consiste en hacerlo llegar al público.

Después de tantos años de trayectoria, ¿qué le mantiene sobre las tablas?

Es la razón de mi vida. Sentí esta vocación desde pequeño y sigo aprendiendo, investigando y arriesgando para que mi trabajo esté vivo. Tengo el privilegio de que mi profesión dé sentido a mi vida.

En el debate actual sobre la libertad de expresión, ¿cree que hoy existe menos libertad que en otras épocas?

En la España de Franco no había libertad. Hoy se hacen obras con garra y con discurso. En los 80 hubo la famosa movida, pero yo creo que no estamos entre sustancias restrictivas en cuanto a formas de expresión. Otra cosa es lo políticamente correcto, que puede marcar ciertos límites, pero no creo que antes hubiese más libertad que ahora.

Hay quien sostiene que el teatro está dirigido a las élites. ¿Comparte esa visión?

No es cierto. La oferta es amplísima: desde grandes musicales hasta pequeños formatos en salas alternativas. Desconfío bastante de esa rumorología.

¿Cómo se mantiene la dignidad en una profesión tan compleja como la interpretación?

Como en cualquier otra actividad: siendo consecuente con uno mismo. Hay códigos de comportamiento, respeto al público y respeto a los compañeros. Esa es la base.

Y, por último, ¿cómo se interpreta a un amigo?¿Cambia la forma de subirse al escenario?

No, es igual que cualquier otro personaje. Da igual que sea amigo, enemigo, inteligente o idiota, guapo o feo. Independientemente de quien sea el personaje, lo importante es que tenga entidad dramática y hacerlo bien.

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