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Narón

La historia de Narón, contada por aquellos que la vivieron

Vecinos y vecinas de los alrededores se trasladaron hasta el Cimix para una jornada colaborativa

Visita guiada CIMIX de Xubia
Un momento de la visita 
Daniel Alexandre
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A pesar de que el Día de Narón se conmemora el domingo 23, y el Centro de Interpretación dos Muíños Industriais de Xuvia (Cimix) guarda para esta jornada una sesión de puertas abiertas, este sábado también hubo motivos de celebración. El espacio soplaba una vela y, conscientes de la importancia que tienen dentro de la historia de la localidad, decidieron compartir esta fecha con vecinos y vecinas, poniendo en valor la tradición oral y la importancia de los testimonios, “que permiten que nos acheguemos máis á realidade e a coñecer o noso patrimonio”, explican las responsables del centro.

Con carácter íntimo, unas 10 personas compartieron recuerdos. Primero, la cita llevó a las dos guías de este museo a hacer un pequeño recorrido por el mismo, que culminó en la planta superior, en un espacio en el que las sillas se enfocaban a una pantalla donde se sucedían imágenes que reflejaban el transcurso del tiempo y que, de alguna forma, dieron paso a un encuentro de amigos, no solo de vecinos y vecinas, donde, sin importar la edad –que oscilaba entre la treintena y los 89 “recién cumplidos”–, se aprendió en conjunto.

Un viaje de recuerdos

Consuelo Ramos era una de las presentes y, rozando la noventena, recordaba ir al antiguo molino a comprar la harina para hacer papas.

La entrada de la estructura era imponente, “de piedra, que parecía una calzada romana, y al lado un almacén”. Ahora, esa es la entrada del museo, está techada y la carretera, pavimentada.

Aun así, Ramos ubicó a la perfección cómo los responsables de esta empresa “tanteaban la harina” o las diferentes piedras que había para moler.

Los mayores fueron críticos y, a pesar de no querer perderse una cita como esta y poner en valor el trabajo realizado para poder sacar adelante un centro con la elegancia del Cimix, “no tiene nada que ver con lo que era antes”. A pesar de ello, esta no fue la tónica predominante del evento, sino que una de las figuras sin duda más recordadas fue la de aquellas familias que hicieron posible el funcionamiento del molino.

“Yo conocí a Pepe el Molinero, y él me daba un kilito de harina para hacer las papas o tres pesetiñas, por ayudarle a empujar el carro grande de dos barandas cargado de sacos de harina hasta Neda”, leía el investigador local, Fernando Masafret, quien no se quiso perder la visita. Es más, el autor de títulos como “La fábrica de Jubia y sus alrededores” o “Narón, Xuvia, Neda” acercó a la cita testimonios que permitieron conocer el valor de este enclave, pero de una forma más personal.

De hecho, él mismo confesaba en la reunión que “esto para mí era una zona de recreo, de pasarlo bien”, aseguró haciendo memoria de los chapuzones interminables que se daba con sus amigos en las inmediaciones de la gran apuesta de Lestache. Pero no era el único; los más jóvenes pudieron descubrir que la calle que da acceso al museo, conocida por muchos como ‘El Callejón’, era lugar habitual “para todos los niños que vivíamos allí, pero en esos años nos conformábamos con lo que había. A los trece o catorce ya me buscaba la vida y ayudaba en casa. Y a esa edad fue mi primer contacto con el Molino de Xuvia”, recoge el testimonio de Manuel Codesido, Lolo, que atesora Masafret.

De esta forma, fueron las voces de los vecinos las que se hicieron protagonistas. Entre ellos, segundas y terceras generaciones que, a pesar de no ser protagonistas de esta historia, no querían perderse la posibilidad de atesorar recuerdos familiares de semejante calibre, pero también aquellos que llevan “una vida viviendo en San Roque, desde los siete meses hasta ahora, pegado al molino”.

Un año de trabajo

Si se guarda tiempo para visitar el museo, uno se encuentra con Paula Freire y Sara Breijo, las dos guías que hacen posible que se lleven a cabo este estilo de iniciativas y que este sábado no dudaron en dar las gracias. El número no fue tan grande como esperaban, pero la participación fue inmejorable. La visita, que arrancó a las 11.00 horas, contó con una duración que se acercó mucho a las 2 horas.

“As impresións foron realmente boas porque, para nós, sempre é unha oportunidade moi boa ter aquí a calquera veciño e veciña que nos poida contar, como se falou durante esta visita, do pasado máis recente, xa que, en realidade, é da etapa da que menos sabemos”, explican. Además, las responsables aseguran que este estilo de iniciativas “sirve para manter un pouco o contacto máis cercano con todos, incluso con representantes de asociacións, que estiveron hoxe, e que aproveitaron a ocasión para darnos un feedback que nos vén moi ben”.

Recuerdan que las puertas de estas instalaciones están siempre abiertas para su uso y disfrute –y los talleres cada fin de semana continuarán durante lo que queda de año–, poniendo en especial estima a todos aquellos que, durante este primer año, se acercaron a conocer, pero sin olvidar a quienes aún pueden hacerlo. “Estamos contentas do percorrido, pero invitamos a todos e todas a que veñan, a que falen e nos conten todo o que saben, porque aquí, no Cimix, sempre son benvidos”.

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