José Rodríguez, instructor de defensa femenina: "No basta con enseñar las mismas técnicas que a los hombres: hay que trabajar la prevención"
El pontés lleva desde 1986 en el mundo del Kung Fu, en 2009 fundó su propio sistema de protección, el “Hand Krav Fu”, y ha impartido más de 60 seminarios para mujeres

Cuando José Rodríguez comenzó con el Kung Fu, en 1986, la defensa estaba ligada a las artes marciales, “con un enfoque técnico y deportivo”. Hoy, sin embargo, se habla de algo “más funcional, real y adaptado. El objetivo ya no es ‘solo ‘saber pelear’, sino saber evitar, controlar y sobrevivir”.
Además de ser instructor policial, el pontés también dedica una gran parte de su tiempo a cursos enfocados en las mujeres, como el que dará comienzo mañana sábado –con motivo de la programación del 25N– en el municipio de Narón. La propuesta, que contará con la participación de la psicóloga María Comillas de la Vega, tiene carácter grautito y contará con otra sesión una semana más tarde, el día 29.
¿Qué valores considera fundamentales en la práctica y enseñanza de la defensa personal?
Para mí, los pilares fundamentales son: respeto, control, humildad, disciplina y solidaridad. Un buen practicante no debe buscar la confrontación, sino evitarla. La defensa personal debe formar personas más seguras, pero también más responsables, conscientes y empáticas.
¿Por qué considera que la defensa personal femenina merece un enfoque específico?
Porque las agresiones que sufren las mujeres son diferentes en motivación, contexto y dinámica. No basta con enseñar las mismas técnicas que a los hombres: hay que trabajar la prevención, la percepción del riesgo, la gestión del miedo y la toma de decisiones bajo presión. La defensa personal femenina requiere un enfoque más emocional, y más psicológico . No se trata solo de “defenderse”, sino de romper creencias limitantes y recuperar el poder personal. El mayor reto con el que me encuentro en los seminarios de defensa personal femenina no está en las técnicas, sino en ayudar a que cada mujer confíe en que puede defenderse por sí misma.
¿Cuáles son los miedos o barreras más comunes que presentan las mujeres al comenzar?
Principalmente, el miedo a no ser capaces, a no tener fuerza suficiente, o a reaccionar mal en una situación real. Pero todo eso cambia muy rápido: en cuanto descubren que la defensa personal no es cuestión de fuerza sino de técnica, actitud y decisión, ese miedo se transforma en empoderamiento.
¿Qué significa realmente “gestionar el miedo” y cómo lo trabaja en sus entrenamientos?
Gestionar el miedo es simplemente, transformar una emoción paralizante en energía útil. No se trata de eliminar el miedo, sino de canalizarlo y controlarlo para que juegue a nuestro favor. En los entrenamientos trabajamos situaciones simuladas, bajo estrés controlado, para que el cuerpo y la mente aprendan a reaccionar sin bloquearse.
¿Cree que la defensa personal debería formar parte de la educación?
Sin duda. Igual que enseñamos educación vial o primeros auxilios, deberíamos enseñar educación para la seguridad personal. La defensa personal es una herramienta de prevención, autoestima y autocontrol, y puede marcar una diferencia enorme en la adolescencia. Ayuda a construir confianza y a reducir situaciones de acoso o violencia.
¿Qué método o estrategia de enseñanza utiliza para que una mujer sin experiencia pueda defenderse de manera efectiva en poco tiempo?
Utilizamos un método práctico, progresivo y basado en la realidad. Simplificamos los movimientos, eliminamos lo innecesario y trabajamos principios de defensa adaptados a situaciones comunes: agarres, empujones, intentos de inmovilización… Lo más importante no es aprender 100 técnicas, sino entender los principios: cómo crear distancia, cómo usar la voz, cómo reaccionar con decisión, contundencia y determinación.
No se trata de miedo, sino de preparación; no es debilidad, sino conciencia y fortaleza
¿Qué técnicas considera esenciales para una mujer en una situación real de agresión?
Las más útiles son las técnicas de liberación de agarres, defensa en el suelo, protección ante estrangulamientos y uso de objetos cotidianos como herramientas defensivas. Pero insisto: lo más importante no es la técnica, sino la actitud y la capacidad de reaccionar.
¿Cómo incorpora factores psicológicos, emocionales y situacionales en sus clases?
A través de ejercicios de simulación, dinámicas grupales y análisis de casos reales. Cada sesión incluye un componente emocional y psicológico: enseñamos a leer el entorno, detectar señales de peligro, usar la voz, la mirada firme y la postura como herramientas disuasorias. El objetivo es que cada mujer automatice respuestas sencillas y efectivas que pueda aplicar en la calle, no solo en la clase.
En su opinión, ¿Cómo ha cambiado la percepción social de la defensa personal femenina en los últimos años?
La evolución ha sido enorme. Hace apenas unos años, hablar de defensa personal femenina era casi un tabú; hoy, sin embargo, existe una mayor conciencia, interés y participación. Las mujeres han comprendido que la defensa personal no tiene que ver solo con la violencia, sino con el autocuidado, la prevención y el empoderamiento. Además, cada vez más instituciones públicas apuestan por programas de este tipo, conscientes de su impacto social. Un ejemplo es el Concello de Ferrol, donde este año organizamos el Seminario Internacional de Seguridad y Defensa Personal, con gran éxito de asistencia y repercusión. También el Concello de Narón, con el que llevamos colaborando cinco años de manera continuada, ofreciendo talleres que cuentan con una altísima participación —más de 50 inscritas este mismo fin de semana—. Y, por supuesto, la Deputación da Coruña, gracias a la cual ya hemos formado a más de 1.200 mujeres en toda la provincia dentro del programa de Seminarios Intensivos de Defensa Persoal Feminina. Todo esto demuestra que la sociedad ha dado un paso adelante: ya no se trata de miedo, sino de preparación; no es debilidad, sino conciencia y fortaleza.











