Antonio Durán, “Morris”: “Más que una obra de teatro, esta gira parece de rock and roll”
Actor de televisión, cine y teatro, se subió por primera vez a un escenario en 1979 y 46 años después sigue encandilando al público, en esta ocasión, en Narón

Hay figuras que trascienden generaciones y que, si bien se escapan a los más pequeños de cada hogar, otros los llevan en el recuerdo, como acompañamiento de jornadas intensivas en las que la televisión era la gran compañera. “Platos Combinados”, “Los Hombres de Paco”, “Celda 211” son títulos más que reconocidos.
Antonio Durán, “Morris” para el común de los mortales, no es una excepción a esta regla. Más de cuatro décadas subido a los escenarios y delante de las cámaras le hacen “de casa” y, rozando el “sold-out”, llega este fin de semana al Pazo da Cultura de Narón como parte del elenco de “1936”, una representación que “parece una gira musical de rock, más que una obra de teatro”, ríe el actor parafraseando a las críticas, y es que no es de extrañar, puesto que los llenos han sido continuos a lo largo del país.
Al mando, Andrés Lima, para quien el de Vigo solo tiene elogios. “Participé ya en tres de sus montajes y saqué muchísimas cosas de su forma de trabajar, de la energía con la que afronta las cosas o cómo te pide que lo hagas tú”. Sin descifrar nada de lo que los dos pases de este fin de semana auguran, explica que se trata de una batuta en la que se compaginan perfectamente las cualidades de director y psicólogo, consiguiendo “una coralidad digna de estudio”.
Este asombro parece hacerse extraño cuando se repasa la trayectoria de Durán, pero el actor asevera que “cada trabajo es diferente, y así debe ser enfocado. Parece mentira, pero la ilusión y la responsabilidad son cada vez mayores”, confiesa entre risas. Es más, a estas alturas, en las que el teatro, el cine y las series se compaginan en su día a día, confiesa, en retrospectiva, que “focalicé mi vida de cara a esta profesión, incluso de más. Ahora esto es una adicción y un fundamento vital. Siento la necesidad siempre de tener un proyecto”. Y a pesar de que estos son diferentes, siempre hay algo de “Morris” en cada personaje, y “con el tiempo más. Cuando empiezas una obra, una película o una serie, estás haciendo un viaje a ninguna parte”.
La evolución
Echando la vista atrás, recuerda las luces: “Que me divertía, que empezaba a encontrar mi hueco y que tenía poder de comunicación”, pero también las sombras, en las que “nos decían que los del teatro no valíamos para la televisión, pero quedó demostrado que no era así”. Asegura que él carga su propia mochila, “una que a veces es pesada, pero donde guardas todo, también los errores. Después de 46 años, la mía tiene un poco de todo”.
A esto hay que sumarle un consumo que ha ido evolucionando, uno que, en cierta forma, tiene fecha de caducidad, pero no solo cambió esto, sino también “la forma de sentirlo”. Hace referencia, con ello, a “la posición de la calle”, y es que las plataformas hacen que los contenidos se puedan consumir en su estreno, pero también después de, incluso, años. “No sabes qué se visualiza o cuándo. Te sientes un poco como un funcionario anónimo hasta que ves que alguien lo comenta”.
Pero esta cuestión, que afecta a la pequeña y gran pantalla, no se ha abierto paso en el teatro. “La inmediatez sigue teniendo presencia en esta disciplina, que está reviviendo un poco como acto social. La gente lo necesita y lo disfruta. Y ya ves, esta obra es de cuatro horas y pico y la gente la disfruta y pide más incluso”, comenta entre risas.
A muy poco tiempo de su puesta en escena en Narón, reconoce que “tenemos una compañía en la que no pensamos en el lleno. No es que nos hayamos acostumbrado con este espectáculo, pero sí que es verdad que palpamos en la calle que la gente se mueve para vernos, y el Pazo da Cultura es enorme”.
Así, la humanidad no solo está presente en la historia, sino también en los opuestos: patio de butacas y actores. Los primeros tendrán que enfrentarse a un extendido tiempo sin pantallas, sin estímulos más allá de una obra aclamada por la crítica. Los segundos, mientras tanto, ostentan un papel, nunca mejor dicho, en el que tiene gran relevancia la responsabilidad, “tanto con la obra en sí como personal, que aquí está ampliamente compartida”, asegura Durán, que avanza, cómico, “que aquí nadie chupa foco o sobresale”.
Habla de “alivio” destacando el papel de coro –“que son fantásticos y están todo el tiempo en escena”–, puesto que “enfrentarse al público durante tantas horas es duro”. Pero no lo hace en solitario.
La batuta de Lima –después de superar el umbral de las 15.000 entradas vendidas en el Centro Dramático Nacional– llega este fin de semana, con pases tanto viernes como sábado, a Narón, donde dirigirá a un elenco en el que, como asevera el vigués, “cada uno tiene su parte correspondiente, pero que funciona como un todo”.











