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Valdoviño

Valdoviño, paraíso del surf y cuna de varios proyectos alternativos

La localidad cuenta con propuestas que aprovechan, no sólo el paisaje de la zona, sino también sus propios recursos

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Pumajaus cuenta con unas vistas privilegiadas a la playa de A Frouxeira
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El municipio valdoviñés es un lugar privilegiado para los amantes del surf. Playas como la de Pantín así lo avalan, con un oleaje que hace de la zona todo un referente en este deporte. Si a eso le sumamos la belleza de numerosos rincones, el resultado es que la población se llega casi a triplicar en verano.

Ante este panorama, hay algunas personas que se atreven a apostar por emprender diferentes proyectos en la localidad, cada uno con unas peculiaridades que los hacen únicos. Ejemplo de ello es Asolas no Puntal, una escuela de Vilarrube que lleva siete años enseñando a sus alumnos, no solamente a coger olas con la tabla, sino también otras modalidades acuáticas como son el pádel surf o el kayak, del que organiza rutas. “Tenemos la suerte de estar en la ría de Cedeira, que es muy abrigada en muchas de las partes, salvo la zona central de O Barral, en la ensenada del río das Mestas”, afirma su director, Yago Martín.

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Asolas no Puntal es una escuela especializada en surf, kayak y pádel surf
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A pesar de que este tipo de piragua está “en auge”, reconoce que academias como la suya no están pasando por su mejor momento. “Esperamos que la situación revierta un poquito para poder hacer este tipo de actividades”, señala Martín, quien asegura que les está “afectando muchísimo” que Valdoviño y Cedeira se hayan “puesto de moda”, algo que está repercutiendo en el desarrollo de las clases que se imparten en la escuela. “Playas como la de O Baleo, que antiguamente tenía días con tres o cuatro personas en el agua, están ahora con 25 a las ocho de la mañana”, lamenta Martín.

Pese a no estar en contra del turismo, el director de Asolas no Puntal defiende que haya una regulación que permita pernoctar a los viajeros y, a su vez, respetar los espacios naturales, a donde acude con sus alumnos durante la época estival para promover “esa relación de amor al mar” que profesa su escuela.

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Uno de los objetivos de Pumajaus es que sus huéspedes puedan desconectar
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En cambio, quien tiene mucha experiencia en tratar con visitantes es Claudia Maturana, una fotógrafa madrileña amante del surf que, cansada del ritmo de la gran ciudad, llegó hace cuatro años y medio a Valdoviño. Maravillada por el entorno, se le ocurrió instalarse cerca del arenal de A Frouxeira y convertir su hogar en Pumajaus, un alojamiento para siete personas que busca ayudar a los huéspedes a descansar con unas vistas privilegiadas a la costa y un ambiente vecinal acogedor. “Me crié toda la vida en Madrid, pero a la par siempre he tenido el pueblo de mis abuelos y me gustaba mucho la sensación de conocer a la gente y poder tener una relación personal con las personas que trabajan en el supermercado, la ferretería, las cafeterías y no estar tan desconectada de los sectores primarios, secundarios y terciarios de la zona” explica Maturana, quien añade que le resultó extremadamente atractiva la idea de “poder tener un sitio en el que vivir” y practicar su deporte favorito.

Sin embargo, Pumajaus no es simplemente una casa en la que pasar unos días, pues también se utiliza como espacio para desarrollar actividades que van desde jornadas artísticas hasta mindfulness, entre otras. “Nosotros contactamos siempre con gente de aquí que vienen a impartir diferentes tipos de yoga, talleres de pintura o relacionados con la decoración floral”, apunta. Asimismo, la propietaria detalla que, progresivamente, se están incorporando nuevos obradores vinculados a la joyería y la cerámica.

Más allá de esto los retiros también son otra de las propuestas que ofrece el alojamiento, y a veces cuentan con grandes sorpresas : “Este verano tuvimos uno de surf en el cual pudimos tener como entrenadora a Ainara Aymat, una surfista vasca muy conocida y amiga mía. Decidimos crear juntas esta experiencia para poder entrenar durante unos días y tener una semana de tranquilidad”, relata.

Con sabor a producto local

Aunque la localidad es famosa por sus olas, algunas iniciativas no se basan en ellas, sino en lo que sale de la propia tierra. Es el caso de Frutín, un proyecto de la alemana Janne Erxleben, que hace un año y medio tomó la decisión de irse a vivir a Marnela (Pantín) y elaborar su propio yogur helado. “La idea nace de un concepto de Nueva Zelanda que se llama ‘Real Fruit Ice Cream’, nacido en los años 80 o 90. Allí también tienen muchas granjas de fruta y en el fin de temporada hay unas cuantas que están súper ricas, pero tienen alguna cosa que impide venderlas en el mercado”, especifica. Debido a esto, los neozelandeses –como lo es su pareja– aprovecharon las piezas sobrantes para convertirlas en helados naturales.

Para emularlos, Erxleben utiliza yogur de Casa Grande de Xanceda y miel de San Martiño de Vilarrube, así como arándanos, limones, frambuesas y fisalis procedentes de cosechas locales. “La riqueza de las huertas, de aquí es... ¡Guau! Quería reflejar un poco la variedad de frutas que hay en la zona y hacer un producto que sea 100% local”, asegura. En cuanto a por qué decidió mudarse a Marnela, lo tiene claro: “Quería vivir muy cerca del mar porque también surfeo y he venido a Galicia algunas veces. Me gusta Valdoviño; se siente rural pero está súper cerca de Ferrol, A Coruña...”.

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Erxleben decidió apostar por instalarse en Pantín y crear Frutín, su marca de yogur helado
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Respecto al proceso para sacar adelante Frutín, admite que fueron dos meses de incertidumbre en los que le resultó algo complicado “entender lo que tenía que hacer para montar un negocio de alimentos”, por lo que piensa que el proceso fue “un poco oscuro”.

No obstante, la historia acabó teniendo un final feliz. “Yo creo que es una experiencia muy bonita; tengo la impresión de que mis vecinos lo aprecian mucho, que hay algo nuevo y de aquí”, señala Janne Erxleben.

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Triböca elabora unos platos que, en su mayoría, incluyen productos locales
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Además de esta iniciativa, los paladares más curiosos tienen otra opción en el lugar de O Porto do Cabo (Vilarrube). Allí se encuentra Triböca, un espacio en medio de la naturaleza que lleva un lustro combinando gastronomía y eventos. Su dueño, Rubén Fernández, destaca que, además de preparar la comida en un foodtruck, los comensales pueden disfrutar de una carta para compartir “un poco diferente” en un recinto al aire libre con carpa beduina, jardín y terrazas para 75 personas. Actualmente, son cinco las propuestas frías de las que disponen: chorizo, patés, cachucale y mejillones rabiosos con una shichimi togarashi, así como un labneh acompañado de ajos asados.

“Para nosotros utilizar producto de la zona es una parte esencial”, indica el gerente. De hecho, comenta que “todos los mejillones son de Barallobre” y cuentan con A Semente Negra –un zumo de manzana elaborado en Cariño– y la limonada de Ay Carmen!, una productora instalada en Pantín. Además, Fernández asegura que está todo “muy mimado, tanto la decoración y la iluminación como el lugar” y subraya que todos los platos que sirven son “desechables y biodegradables”.

Aparte de llevar su gastroneta a festivales y otros eventos, Triböca aprovecha sus instalaciones para albergar presentaciones y fiestas, como es la Pulpada Magnética del próximo domingo, una jornada que comenzará a las 13.00 horas e incluirá tanto la preparación de varios ejemplares procedentes de Camariñas como una sesión en directo del DJ Martín Beceiro.

Aunque cada proyecto sea distinto, hay dos cosas que comparten Yago Martín (Asolas no Puntal), Claudia Maturana (Pumajaus), Janne Erxleben (Frutín) y Rubén Fernández (Triböca): las ganas de emprender para ofrecer propuestas innovadoras y su admiración por Valdoviño, un municipio de 6.818 habitantes que les ha marcado profundamente por sus recursos, tales como la riqueza gastronómica de la zona, la espectacularidad de su costa y la belleza de sus paisajes.

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