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Neda

El río Belelle, camino de marcar su récord de escasez, obliga a Neda a replantear alternativas y proyectos

Neda, que se abastece de su caudal, ha tenido que dejar de hacerlo ante el bajo volumen de agua, enganchándose como alternativa a la traída de As Forcadas

Fervenza do Belelle
En la Fervenza se percibe también una mengua considerable del caudal
Emilio Cortizas
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Nunca vi tan bajo el nivel en el Belelle. Pero ni yo ni nadie de los mayores, nadie. Es una sequía terrible”. Así resumía el alcalde de Neda, Ángel Alvariño, la situación actual en el cauce del río que abastece de agua al municipio, obligando al Concello a buscar alternativas a través de Narón, que les trasvasa desde As Forcadas. Sin embargo, la operación esta vez no fue sencilla y la villa tuvo que estar dos días abasteciendo a parte de su población con un camión cisterna y agua embotellada. 

El principal motivo, además de la ausencia de lluvia, es que está habiendo “un consumo importantísimo de todas las empresas y el verano nos afecta a todos”, explica el regidor, agradeciendo la ayuda tanto a la corporación naronesa como a Fene, “que nos dio agua a través de Gonduriz y Conces, de la que les llega a través de As Pías”, recordando que también lo había hecho justamente hace un año, cuando el suministro sufrió otro parón en el municipio. 

Fue en 2025, igualmente a mediados de agosto, pero lo que pasó entonces es que empezaron a notar un bajón en la presión debido a una “importante fuga” que vino propiciada por una rotura en la conducción que suministra a la localidad, teniendo que contratar el Concello a una empresa para que ejecutase con urgencia los trabajos de reparación. Veinte años antes, Defensa cedía al Consistorio el canal y las instalaciones del Belelle, una infraestructura que se ha sometido a una importante renovación en 2024, recuerda Alvariño. 

“Es como el que tiene una casa, que debe limpiarla y mantenerla. No se había hecho nunca porque se desconocía, pero localizamos el problema”, incide el primer edil, sobre unos trabajos que se centraron en evitar filtraciones y en sustituir las compuertas existentes en la presa próxima a la Fervenza, siendo uno de esos portones del canal centenario de A Mariña el que traslada el agua que, tras su proceso de potabilización, llega a los hogares del municipio. 

Mejoras

Al contrario de lo que ocurre con el resto de municipios de la costa de la comarca de Ferrol —la propia ciudad naval, Narón, Fene, Ares, Mugardos y Valdoviño—, Neda no recibe suministro directamente del embalse de As Forcadas, sino que lo hace del río . “Tenemos la ventaja de cogerla directamente del Belelle, con lo que tiene una calidad excepcional, pero el problema es que nunca se quedó tan vacío”, expone Ángel Alvariño, ahondando en que desde finales de los ochenta, tras otra intensa sequía que se cebó con la comarca, la villa puso en marcha una infraestructura para tener alternativas y es, precisamente, la que ahora le proporciona el flujo a través del concello naronés, entrando por Xuvia. 

Aprovechando las obras para dotar a la zona de una nueva glorieta, la del Portazgo, que une la AC-862 con la AC-115, el Concello nedense ejecutó allí un baipás para facilitar la entrada del agua desde la localidad vecina. No obstante, conscientes de que la previsión es que los veranos sean cada vez más extremos debido al cambio climático, el ejecutivo de Alvariño centra sus esfuerzos en blindar el caudal con otras actuaciones, empezando por una cuya contratación está ya en marcha: la construcción de un nuevo tanque de 400 metros cúbicos

“Nosotros tenemos una orografía muy pronunciada y vamos a tener tres depósitos. Dos en Os Pazos, que es una zona alta, y en A Radadeña, que es desde donde se manda el agua a estos lugares que se quedaron sin ella, donde hubo el problema”, avanza el regidor, poniendo sobre la mesa también el proyecto de sectorización, encaminado a detectar dónde puede estar habiendo fugas o conexiones ilegales en la red. Esto les permitirá actuar en las canalizaciones, donde ya están en marcha actuaciones y hay otras inminentes, como la de O Carreiro, que está acusando la falta de personal en las empresas, lamenta el alcalde. 

Exceso o defecto

Cualquiera diría, viendo la problemática que Neda está teniendo con la escasez de agua, que el pasado mes de febrero fue precisamente el exceso lo que trastocó la tranquilidad de los vecinos, aunque las inundaciones en este caso no fueron tan graves como las que se sucedieron en noviembre de 2023. Ángel Alvariño confía en que, “con las actuaciones en las presas que hizo Augas de Galicia, todo esté ya encarrilado” y cuando lleguen las lluvias no se corra el riesgo de anegamientos. Con todo, reconoce que todavía les queda ponerle coto en la zona baja de O Roxal, que ya tienen en cuenta. 

Además, el alcalde nedense cree que el organismo dependiente de la Xunta de Galicia debería facilitar las gestiones para que los acuíferos que quedan en desuso por parte de las comunidades se puedan sumar a la red. Expone que es consciente de que se trata de un tema complejo, a nivel administrativo y jurídico, pero perder esos manantiales sería una “pena” y más en el contexto de sequía que se está viviendo en toda la comarca, sin lluvias significativas en los últimos meses. 

“Un hilito”

Para que la gente pueda comprobar la magnitud del descenso de caudal en el río Belelle, Ángel Alvariño recomienda asomarse a la Ponte Grande, donde “se ve solo un hilito de agua”, pero también en un lugar de extraordinaria belleza como es la Fervenza se percibe la falta de torrente aunque el goteo de visitantes siga siendo continuo un verano más. 

Sin embargo, este no es un estío como otro cualquiera, como se puede comprobar en el registro oficial de la estación de aforo de Augas de Galicia. Se trata de un punto, situado en este caso en el lugar de A Maciñeira, que permite controlar el caudal que circula a lo largo del año hidrológico, que empieza en octubre y acaba en septiembre. 

En el que está en vigor, siete de los diez meses presentan mediciones por debajo de la media de los anteriores —el registro se remonta sólo a 2008-2009— aunque el promedio se eleva a consecuencia de las tres mensualidades en las que se dispararon las precipitaciones: diciembre (aportó 18,03 hectómetros cúbicos), enero (15,28) y, sobre todo, febrero, que se situó como el período de mayor caudal histórico, con la friolera de 26,85 Hm3

En cambio, desde marzo las mediciones caen en picado, yendo de los 5,84 de ese mes a los 0,82 Hm3 de junio y, por último, a la marca de 0,34 del pasado mes, que fue el julio más seco en el Belelle desde que hay registros en Augas de Galicia. Habrá que esperar a ver si agosto rompe también sus marcas habituales, como parece que así será. 

La sequía del 87

Si el embalse de As Forcadas contaba el pasado 10 de agosto —fecha del último informe oficial— con un 59,96% de volumen, en septiembre de 1987, cuando se produjo la sequía mencionada por Ángel Alvariño, su capacidad estaba al 30% y la población estuvo a punto de padecer cortes de agua si no fuera porque en octubre se produjo un auténtico “diluvio” en toda Galicia: la borrasca dejó, entre los días 13 y 15, 382 litros, llegando a los 729 en todo el mes. 

Pero antes, los ayuntamientos prohibieron hasta regar plantaciones y lavar coches porque el pantano únicamente podría abastecer a la población de Ferrol, Narón y Fene durante algo más de dos meses. El problema estaba también en la infraestructura de abastecimiento, pues se había creado un cuello de botella en la planta depuradora, previniendo una ampliación en “meses” a Ares y Mugardos. Una villa, esta última, que fue la primera de Galicia en decretar entonces la alerta roja por falta de agua potable, teniendo que serle suministrada por un buque aljibe de la Armada. 

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