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Fene

Luna Nogueira Basoa, música fenesa | “Lo mío con el violonchelo fue amor a primera nota”

La joven ha logrado plaza para el Pacific Music Festival, que se celebrará en julio en Sapporo y reunirá un año más a los mayores talentos internacionales de la música clásica

La fenesa Luna Nogueira Basoa hará historia el próximo mes de julio al desembarcar en el Pacific Music Festival
La fenesa Luna Nogueira Basoa hará historia el próximo mes de julio al desembarcar en el Pacific Music Festival
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Luna Nogueira Basoa (Fene, 2006) no viene de familia de músicos, pero achaca su comodidad sobre las tablas a las artes escénicas que lleva en su ADN. No en vano, su abuelo Carlos Basoa es un reputado actor y director teatral gallego. Dando sus primeras notas poco después de haber comenzado a hablar, conversar con ella es escuchar la oda a una normalidad extraordinaria que le ha acompañado siempre. 

Reivindicando la humildad en un mundo donde no se estila, habla con la seguridad de quien se sabe feliz tras tomar las decisiones correctas. Ahora, después de un regalo de Reyes con billete a Japón, dice que todavía le quedan sueños por cumplir y estamos seguras de que los hará realidad. 

¿Sus primeros recuerdos relacionados con la música? 

En la Escola da Vaca, con Nuria de Pablo. La primera vez que entré allí no llegaba a los dos años. Recuerdo la pizarra al fondo de la habitación con el pentagrama pintado, la “piscina en la que nadaban las notas”. Ella educó mi oído jugando, fue el primer piano que escuché y que toqué. 

El violonchelo no parece uno de los instrumentos por los que se pueda interesar una niña... 

Cuando empecé en la Escola Municipal de Música da Capela por recomendación de Nuria para estudiar piano, mi profesor, Iliá Keilin, impartía clases de violonchelo. Se hacían conciertos trimestrales y fue “amor a primera nota”, pero mis padres tardaron un curso entero en dar el brazo a torcer, así que lo pedí por mi cumpleaños. Creo que ese fue el momento en el que la música se convirtió en una elección personal. Iba viernes y sábado, mis días favoritos de la semana, y no porque supusiesen descanso, precisamente. Esa etapa ocupó mi infancia y parte de la adolescencia. Solo puedo recordarla con cariño. 

Cuando le preguntaban qué quería ser de mayor, ¿ya decía que chelista profesional? 

Tenía clarísimo que quería ser músico, pero sin seleccionar instrumento porque creía que podría hacerlo con ambos. Después de la pandemia tuve un momento de desconexión con la música y la Medicina me pareció una buena salida. Afortunadamente, tengo una familia que cree en mí por encima de todo. Me dieron espacio, buscamos maestro y la música volvió a abrirse camino sola. Fue ahí cuando el violonchelo ganó al piano. 

A los ocho años entró en la sección infantil de la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) y un año más tarde fue seleccionada por primera vez para tocar con “los mayores”, ¿cómo lo vivió? 

La primera vez, “Son Futuro” escogió niños de la OSNG para compartir escenario con la OSG con la obra ‘Troula’, del compositor Juan Durán. Recuerdo que me hizo una ilusión tremenda y que nos trataron con mucho cariño. La segunda vez fue el año pasado, con la ‘Sinfonía Alpina’ de Strauss. Me convocaron también estas Navidades, pero tuve que renunciar por el concierto que tenía en enero en Madrid. 

A los 13 años accedió con notaza al Grado Profesional y dos años después tenía su plaza de la Orquesta Joven Sinfónica de Galicia... 

El acceso directamente a último año de profesional es la demostración de que la formación que se impartía en A Capela, a manos de Iliá y María Keilin, era más que buena. A veces buscamos fuera lo que tenemos al lado de casa. La plaza en la OJSG fue la primera prueba que realmente quería superar para formar parte de ese proyecto y era la primera vez que preparaba unos pasajes orquestales. Recuerdo los nervios antes de entrar y mucho más los que aparecieron al ver que los demás eran mayores. La OSG me ha dado una formación orquestal de algo más de 10 años y solo puedo estar agradecida por cada oportunidad. 

Su infancia tuvo que ser diferente a la de sus amistades... 

He tenido una infancia increíble. Mis gustos por la lectura o la música no me han impedido hacer lo mismo que los demás. En mi casa nunca se potenció la idea del niño prodigio, sino que se ha huido de ella. Recuerdo un cumpleaños en el que empecé a desenvolver los regalos y cuando iba por el séptimo libro un compañero del colegio me preguntó: “¿qué hiciste para que te castiguen así?” [Risas] Los dos estábamos en la misma fiesta, pero la disfrutábamos de manera diferente. La música no me robó tiempo porque he disfrutado y disfruto cada minuto que ensayo; ni me limitó las amistades porque a mi lado siguen los que saben que si no respondo al teléfono estoy ensayando. Las horas de dedicación aumentaron notablemente al terminar Bachiller, pero como cualquier estudiante de una carrera exigente. 

Terminó el Bachillerato con matrícula, ¿hasta qué punto la música contribuyó en esta excelencia académica? 

La música me ha enseñado a aprovechar el tiempo al máximo, pero, en mi caso, el rendimiento académico no tiene nada que ver con ella. El secreto está en una evaluación precoz de la alta capacidad y una familia que se ha volcado en mi educación a todos los niveles. 

Aterrizó después en Madrid, lejos de su familia y amistades, ¿cómo fue ese comienzo? 

Madrid no fue preferencia sino consecuencia de querer estudiar con Fernando Arias, que tiene su Cátedra en el Real Conservatorio Superior de Música (RCSMM). Lo hice con una mezcla de ilusión —tenía el maestro que quería— y miedo, porque nací y me crié en Fene y, por comparación, cualquier ciudad es enorme. Las videollamadas ayudaron a soportar la soledad de las primeras semanas. Me gusta pensar que esta ciudad es la puerta para todo lo que está por venir, pero como buena gallega la morriña me acompaña a diario. 

“El acceso a último año de profesional demuestra que la formación de la Escola Municipal da Capela era más que buena; a veces buscamos fuera lo que tenemos al lado de casa”Luna Nogueira Basoa

¿En algún momento pensaste en coger las maletas y volverte? 

La primera semana, después de la primera clase colectiva. [Risas] Escuché tocar a un compañero de tercero y me dije “¿qué hago aquí?”. Nunca me había sentido tan pequeña. Tardé poco en cambiar ese miedo por admiración y tuvimos la suerte de aprender juntos dos cursos. En un mundo tan competitivo como este, me arropó y me ayudó a crecer. 

Quien se dedica a la música, y más concretamente a la académica, está constantemente midiéndose con los demás y consigo misma, ¿cómo está llevando esa presión? 

Me gusta pensar que mi competición es conmigo misma. Lucho cada día para dar mi mejor versión. Una versión que, si trabajo correctamente, será inferior a la del día siguiente. Pero, en realidad, el mundo te obliga a competir con los demás: por una beca, una plaza en un conservatorio, en una orquesta joven, en un curso, una masterclass... Una competición donde entran en juego miles de factores que no dependen de ti. Aun así, sigo optando por rodearme de músicos muy superiores a mí, a los que admiro sin envidia y de los trato de aprender cada día. En toda carrera hay decepciones, personales y profesionales, debe haberlas para poder evolucionar. Yo lo creo así y, hasta ahora, en los momentos difíciles, la ayuda que he necesitado se ha solucionado con un buen café y una conversación en familia. Soy una afortunada. 

Ha podido conocer a muchas personalidades, compartiendo escenario o yendo a sus clases magistrales. ¿Cuál de ellas le ha impresionado más?

¡Puf! Creo que me quedaría con la clase de Pablo Ferrández por muchísimos motivos que van más allá de la admiración que siento por él como músico. 

¿Y a quién le gustaría conocer? 

A Kian Soltani, de los mejores chelistas del panorama actual, por precisión técnica, sonido premeditado de principio a fin y un gusto increíble en cada decisión artística. Pero, si pudiera compartir escenario, lo haría con la pianista Martha Argerich y, a poder ser, en un último atril para disfrutarla mejor. 

En julio estará en Japón siendo la primera chelista española que participa en el Pacific Music Festival (PMF). ¿Cómo se llega a eso? 

Me gustaría decir que es el resultado de años de estudio y buenas decisiones, pero en realidad fue un poco por casualidad. El 31 de enero tenía, en el Teatro Monumental de Madrid, mi primer concierto como solista. Se planteaban unas vacaciones de Navidad complicadas y, para no centrarme exclusivamente en estudiar el concierto, mi profesor Fernando me envió las bases del PMF por WhatsApp. Recuerdo que pensé que los pasajes eran endemoniados, así que aproveché el tiempo en casa para hacer la grabación. La hice el día de Reyes por la tarde y la envié por la noche. Aunque el plazo era mayor, no quería quedarme sin tiempo para centrarme en el concierto y tampoco albergaba ninguna esperanza. Recibí el correo un día que estaba en casa, en Galicia, a las cinco de la mañana, y no quedó nadie dormido [Risas]. 

¿Con qué expectativas afronta este nuevo reto? 

Asumo el proyecto con la responsabilidad que merece una oportunidad tan grande. Espero aprender, de todo y de todos, y dar lo mejor de mí. Nunca acepto un compromiso con el que no pueda cumplir, y mucho menos siendo consciente de lo cara que es la formación musical. 

“No acepto un compromiso con el que no pueda cumplir, y mucho menos siendo consciente de lo cara que es la formación musical”Luna Nogueira Basoa

En este momento, ¿cómo es su día a día? 

Pues estamos a final de curso, así que cuando no estoy en el Conservatorio reparto las horas para preparar los distintos recitales. Estoy empezando con el Alemán e intento sacar tiempo para hacer algo de deporte, pero confieso que si tengo que sacrificar algo en la agenda siempre es esto último. Así, de lunes a domingo. 

¿Cuáles son sus objetivos a corto, medio y largo plazo? 

A corto plazo, después de Japón, se plantean cursos fuera de España para conocer maestros. A medio, toca decidir el siguiente paso en la formación, que necesariamente implica salir de la zona de confort que empieza a suponer Madrid. Este año me permití quedarme porque las demás opciones me llevan cada vez más lejos de casa, pero ya no puedo demorarlo más. A largo plazo: ojalá poder vivir haciendo lo que me gusta. 

¿Cómo se elige al maestro? 

Dando clases con él, lo demás es irrelevante. Elegir maestro por los alumnos que tiene o por renombre es como comprar el maquillaje que le queda bien a tu amiga sin probarlo en tu piel. 

Y, ¿qué miedos puede tener una mujer tan brillante como usted? 

Mi primer maestro decía que el oído se educa para lo bueno y para lo malo. “Si todos los días desafinamos un poquito, acabaremos asumiendo que medio tono arriba o abajo es afinación correcta”. Temo el día que mi oído deje de ser objetivo. 

¿Un sueño por cumplir? 

¡Todos! Es lo que tienen los sueños, que a nada que alcanzas uno, evoluciona al siguiente. 

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