El eclipse más especial en los acantilados “do cabo do mundo” de Santo André de Teixido
La vida y la muerte volvieron a cruzarse en el santuario, un balcón privilegiado este miércoles

Quizás por su situación geográfica, encajada entre los acantilados más altos de la Europa continental, y ante la posibilidad de un colapso de tráfico como sí se produjo en otras zonas, la aldea de Santo André de Teixido, en Cedeira, no registró este miércoles un aluvión de gente mucho mayor del que acostumbra en una tarde calurosa de agosto.
Y precisamente por ello, por el ambiente íntimo, familiar y espiritual que se generó, dos centenares de privilegiados que vieron el fenómeno en el entorno del santuario se llevaron consigo un recuerdo abrumador para toda la vida.
Junto a ellos y ellas, silenciosas e invisibles, vieron el eclipse las ánimas que desde hace siglos cumplen con la peregrinación que no hicieron de vivos, presenciando la maravilla del día con las dos noches, cuando volvió a partir la “barca do alén” que esperaban los celtas en su ocaso vital.

Estas y otras tradiciones pudieron revivirse un par de horas antes del fenómeno de la mano del guía turístico Sergio Muíño, de la entidad ‘Eu fun de vivo’, que capitaneó un recorrido para el que volaron sus 20 plazas, con gente tanto de Ferrolterra como de otros lugares de Galicia, como A Coruña.
Aportando el contexto de las épocas pretéritas, las del mundo precristiano y su conexión solar, partió el paseo otorgando la importancia al “teixo”, el “árbol sagrado” del que derivó el topónimo antes de que el santo “celoso de Santiago” encontrase aquí un lugar en el que recibir ofrendas tan distintas como cada una de las personas que llegan, algunas incluso acompañadas de sus propios difuntos a los que van antes a buscar a los cementerios.
Los llaman batiendo tres veces el pie contra el suelo y los guían como un romero más, dejando para ellos incluso un plato de comida o un lugar en el autobús. “Muchos se despedían aquí. Y qué mejor sitio para hacerlo donde nos despediremos del sol. Vosotros también vais a dejar algo hoy aquí después de viajar por el interior del alma de Galicia”, sentenció Muíño, desvelando los secretos de los ‘sanandresiños’ la ‘herba de namorar’, los exvotos o la fuente ‘milagreira’ de los que dan cuenta unas 100.000 personas al año que conviven con la treintena de vecinos de la aldea.

Entretanto, José Luis y Mari, de Os Cantís de San Andrés, ayudaban a sobrellevar el calor y a hacer acopio de energía despachando bebidas frías y café, además de tratar con cariño a todos los visitantes, que llegaron desde todas partes de España, sobre todo de Andalucía, pero también de otros lugares de Europa como Francia o Italia. Igualmente afanado estaba el párroco, Antón Rúa, que animaba a “tomar o santo” a los que entraban en el templo.
Cuando empezaba a acercarse la hora, las 19.30 horas, los negocios cerraron las contras y empezaron a ajustarse las gafas para ver el fenómeno —¿habría quien reservó un par para su difunto?—, llegando un autobús rezagado con gente que iba a verlo en la Garita de Herbeira, pero la niebla se lo impidió. Unos jóvenes tocaban el ‘Bolero’ de Ravel a los pies del santuario, mientras los adultos repetían la retahíla de recomendaciones de seguridad a los menores, que cumplieron a rajatabla.
Luis y Alma, madrileños, pero veraneantes en Cariño desde hace décadas, disfrutaron del momento con sus hijos Juan, María y Alma, que crearon este miércoles un recuerdo que les acompañará el resto de sus vidas. Los pájaros trinaban como locos cuando la luna empezaba a menguar el sol. Los perros labraban y un caballo, en una finca, se rebozaba, nervioso, sobre el pasto.

Se hizo noche a las 20.29 horas. La corona solar se vio con los acantilados de Santo Andrés ‘de lonxe’ como testigos, haciéndose un silencio animal que la naturaleza, como dormida, no rompió. Únicamente el aplauso y las expresiones de sorpresa lo cortaron. Quienes estuvieron este miércoles en el ‘cabo do mundo’ se sintieron privilegiados.
También Ernesto Cardoso, vecino de Madrid, estaba “estremecido” cuando volvió la luz. Con dos cámaras —una para captar un ‘time-lapse’ y otra en plano corto— documentó el momento para su revista, ‘Intemperie’. Él lo iba a ver en A Mariña lucense, pero igualmente la meteorología se lo impidió. O quizás fue el santo, que todo el mundo sabe que “eche moi milagreiro”, quien quiso que el lugar más especial para ver el eclipse, al menos en Ferrolterra, fuese su casa.
Estaca de Bares fue el primer punto de Ferrolterra en el que se hizo noche
La suerte de vivir en unas comarcas como las de Ferrol, Eume y Ortegal pusieron muy difícil la elección de atalaya para presenciar el fenómeno de este miércoles. Además de las playas más extensas del litoral, el lago de As Pontes atrajo igualmente a miles de avistadores ávidos de fotografías icónicas.
Sin embargo, hubo otro balcón al mar que destacó para una multitud: el faro de Estaca de Bares, en Mañón, el punto más septentrional de la península que tuvo el privilegio de ser el que antes empezó a percibir el fenómeno del eclipse.

El Concello desplegó allí un dispositivo especial que funcionó a la perfección, regulando el tráfico y el tránsito de los cientos de observadores que se acercaron a sus acantilados para ver un espectáculo único.













