Una multitud visitó A Capelada, donde 370 caballos salvajes protagonizaron la Rapa das Bestas
Bajo un sol intenso y en medio de la sierra, la naturaleza más salvaje reclamó su sitio en el tradicional curro, donde los relinches volvieron a sonar con fuerza en el vallado
A Capelada albergó ayer su gran cita del año: la Rapa das Bestas, un evento en el que los 370 caballos salvajes de la sierra se convirtieron un año más en los grandes protagonistas de una tradición que se lleva celebrando desde hace 52 años.
El calor, la tierra y el polvo invadieron la ropa de los centenares de asistentes que no quisieron perderse este espectáculo milenario, cuyos orígenes se remontan a la época romana.
Al llegar, los visitantes pudieron captar ‘ipso facto’ la atmósfera del lugar, en el que más de una veintena de personas acudieron, como no podía ser de otra manera, montados en sus inseparables corceles; los únicos equinos amaestrados que se vieron en todo el día.
Sin embargo, estos animales no fueron el centro de las miradas. En esos momentos de espera, aproximadamente a las 10.00 horas, sólo había ojos para una cosa: el curro. Junto a él –así como en las gradas instaladas para la ocasión–, familias, vecinos, amigos y turistas procedentes de distintos lugares comenzaron a buscar sitio con un único objetivo: poder contemplar en todo instante a los ejemplares que terminarían visitando el recinto de madera, construido hace medio siglo.
Pese a la inquietud y la expectación de los más fieles, el silencio no era una opción mientras aguardaban el descenso de las ‘bestas’. Justo detrás del graderío, se encontraba el puesto de Puzzle Animación, donde la música sonó durante casi toda la cita. Su speaker, Ovidio, aprovechó la ocasión para recordar que la rapa se hace “por el bienestar animal”. A su vez, también pidió precaución a los espectadores, rogándoles que evitasen subirse a las tablas del curro; seguridad ante todo.
El descenso
En torno a las 11.00, cuando sonaba ‘Mi gran noche’ de Rafael en los altavoces de la fiesta, el volumen comenzó a bajar para dar comienzo al descenso. A lo lejos, se pudieron divisar las siluetas de los 'besteiros' y sus varas dirigiendo por el monte a una horda galopante que, poco a poco, se acercaba al vallado con una energía por la que más de uno entendió por qué se utiliza la palabra “caballos” para referirse a la potencia de los motores.
Al cabo de un par de minutos, los ejemplares comenzaron a llegar bajo la atenta mirada de la multitud. Debido al cielo despejado, el sol brillaba en el lomo de los bravíos, haciéndolos parecer estatuas relucientes en un espectáculo visual que incitó a los allí presentes a reaccionar con un fuerte aplauso.
Por otro lado, varios asistentes primerizos –sobre todo los más jóvenes– reaccionaron con asombro a alguna de las riñas entre animales que hubo en el perímetro controlado en todo momento por la Asociación San Andrés de Teixido-Eventos.
Una vez dentro del cerco, los ‘besteiros’ comenzaron a movilizar a los ejemplares, que siguieron un patrón circular grabado por la prensa y los allegados.
La primera rapa
Alrededor de las 12.20, gran parte de los ‘aloitadores’ entraron en acción, agarrando con fuerza a los equinos silvestres y así proceder a la que sería la primera rapa de la jornada. A las 13.15, tuvo lugar uno de los instantes más celebrados por el público, pues un ‘besteiro’ saltó enérgicamente sobre un caballo, montándolo con éxito y recorriendo todo el perímetro del vallado.
Quince minutos después, algunos niños y niñas permanecían cerca sobre los hombros de sus padres para no perder detalle de lo que estaba sucediendo entre las tablas, incluyendo a los participantes más pequeños, que se atrevieron a hacer frente a un total de 70 potros. Entre estos últimos y las 300 yeguas, los alrededores de la rapa comenzaron a acumular cientos de crines.
Impresiones
La mayoría de los espectadores quedaron encantados con el desarrollo de la jornada. Es el caso de vecinos como Jesús y Carlos, que llevan acudiendo a la cita desde que comenzó. Tras tantas décadas como asistentes, aseguran haber visto personalidades públicas de todo tipo, tales como “ministros e presidentes da Xunta”. Según ambos, pese a que para ellos es el gran evento del año, esta última edición ha estado “mellor que nunca”.
Otra persona con experiencia es Fran, que ya vino varios años a disfrutarla. De hecho, no le tembló el pulso al afirmar que es “de la mejores cosas que pueden pasar por esta zona”.
Pero no todos los presentes son veteranos en esto de la rapa; para algunos fue su primera vez. Ejemplo de ello es Yoel, quien declaró que “nunca había vistos tantos animales juntos”. Virginia tampoco estuvo antes y quedó tan encantada con la experiencia que tiene muy claros sus planes para el año que viene: “vendremos con más tiempo para coger sitio y ver mejor”, afirmó.
El evento también tuvo hueco para un acto solidario de la Fundación Adcai en apoyo a Candela Pérez, que se recupera de un accidente de tráfico.
Finalmente, el gentío aplaudió a los besteiros y la organización por el éxito de una Rapa das Bestas que, 52 años después, todavía conserva su espíritu salvaje.
Diversión y comida
Más allá de la rapa en sí, el evento celebró un sorteo en el que hubo premios típicos y otros más curiosos, como el de una potra: Palomina. En cuanto a los niños y niñas, pudieron divertirse en un hinchable instalado junto a un puesto de venta de juguetes infantiles, pero a veces la diversión se halla en un lugar tan simple como un comedor.
Cerca del curro, los asistentes aprovecharon el calor de la jornada para darse un merecido descanso a la sombra de la carpa. Allí, cientos de sillas esperaron tanto a los mayores como a los pequeños que formaron largas filas para conseguir su comida. Hubo dos platos estrella: pulpo y churrasco. No obstante, algunos se animaron a visitar el foodtruck que aparcó cerca de la rapa, una cita que, por sí misma, dejó a todos los asistentes con un buen sabor de boca.
Miguel Sóñara: “Isto é unha tradición que non se pode perder; os fillos dos gandeiros merecen que non morra”
La Asociación San Andrés de Teixido-Eventos, responsable de la organización de la Rapa das Bestas, cuenta con decenas de ‘besteiros’ unidos para mantener esta tradición cabalar. Su secretario, Miguel Sóñara, valoró la acogida que tuvo el evento de este año, afirmando que “o día acompañou moito”. En comparación con la anterior edición, cree que esta ha estado mejor, principalmente porque el tiempo acompañó: “o ano pasado tocounos moitos días de néboa que non se vía e facía fresco”.
Por otro lado, explicó su labor y la de sus compañeros, que contribuye a la conservación de la especie y el ecosistema de la sierra: “desparasitamos aos cabalos tanto interna como externamente e logo cortamos as crinas para que non críen parásitos na pel e para que non se enganchen na maleza”. De hecho, defendió que los caballos son necesarios en Galicia por tratarse de la “primeira liña que temos contra os incendios forestais”, porque su alimentación impide que crezca la vegetación de los montes que, en época estival, “é pólvora”.
En cuanto al futuro, Miguel Sóñara consideró esencial darle continuidad a la rapa, asegurando que “é unha tradición que non se pode perder”. Recordó que actualmente son tres las generaciones que participan activamente en el evento y argumentó que “isto é unha tradición que non se pode perder; os fillos dos gandeiros merecen que non morra”.











