El misterio del Segaño: en busca de respuestas para los cañones hundidos en la ría de Ferrol
Un artículo expone las conclusiones de los investigadores a raíz de la prospección realizada en 2022

Las aguas de la ría de Ferrol, con sus mareas potentes y visibilidad complicada, albergan un secreto que yace desde hace siglos en el fondo de la Punta do Segaño, en Ares. Se trata de una serie de cañones de hierro afectados por la concreción marina y un espeso manto de algas laminarias. Durante años, las historias sobre su origen circularon con el boca a boca de buceadores recreativos –uno de ellos, Marcos Antonio García Teijido, se topó con ellos en 2015– y miembros de la Armada, llevándose a cabo en 2022 una prospección para tratar de determinar el origen de estas piezas de artillería.
Ahí comenzó el denominado “Proyecto Segaño”, impulsado por Yago Abilleira y en el que tomaron parte miembros de la Sociedad Nacional de Arqueología Subacuática (Sonars) y los profesionales de la Unidad de Buceo de Ferrol (Ubufer de Ferrol) de la Armada. Un artículo publicado en una revista de la Universidad de Cádiz recoge ahora los resultados preliminares de aquella intervención.
Descenso
Lo que encontraron los expertos en su descenso no fue un yacimiento fácil: un lugar en el que solo se puede trabajar en el breve lapso de la pleamar –cuando el agua está más clara– y donde desde mediados de abril y hasta la mitad de octubre la “alfombra” de algas lo cubre todo.
Además, los investigadores hallaron los cañones volteados, lo que impidió ver partes clave para su identificación, como el fogón. Todos ellos estaban cubiertos, también, por una gruesa capa de concreción que deformaba sus siluetas.
Pese a ello, el equipo realizó unas mediciones manuales meticulosas con flexómetros, además de fotografías, fotogrametrías y analíticas del contexto arqueológico y geográfico mediante Sistemas de Información Geográfica. Poco a poco, las piezas “hablaron”.
Mediante una prueba con un imán, los expertos pudieron confirmar que los cañones tenían un núcleo de hierro. En cuanto a la datación, sus características y dimensiones sugieren que podrían haber sido fundidos en un periodo concreto, entre 1650 y 1728. Los investigadores localizaron un molino de piedra descontextualizado y cuatro cañones –algunos grandes, probablemente de ocho o doce libras (el peso de la bala que disparaban) y otros más pequeños de cuatro. La distribución de los mismos, explica el artículo, era irregular, encontrándose volteados y equidistantes.
¿Naufragio o suelta del lastre?
Una de las hipótesis, que las piezas de artillería se hubieran “caído” desde la batería terrestre de Punta do Segaño, fue descartada rápidamente ya que este tipo de fortificaciones empleaban piezas mucho más grandes, de 24 libras, que no coinciden con las encontradas y que se encuentran, además, demasiado lejos.

El segundo de los supuestos era el del naufragio. “No parece tratarse de una embarcación a la que el temporal arrojó a costa, pues estaría al Norte del bajo, sino más bien parece que estaba navegando. El hecho de que los restos se encuentren en el canal formado por la punta de tierra y el bajo parece indicar que se apuró mucho una ceñida, al entrar o salir de la ría, lo que reforzaría la hipótesis de que se trata de una embarcación española”, reza el texto de los expertos, en el que se hace hincapié en el hecho de que en la zona no se encontró ningún otro indicio de arquitectura naval.
En ese momento surge la circunstancia que coge más fuerza aunque tampoco pudo ser confirmada: la de que el navío tuviese un siniestro, “que provocó la necesidad de arrojar la pesada carga de los cañones en un momento de brecha en el casco a causa del poco calado y de la presencia de afloramientos rocosos sumergidos, lo cual haría reflotar la embarcación.
Nacionalidad
En su artículo, los expertos concluyen que los barcos particulares no portaban cañones de estas características y tamaños –entre 175 y 250 centímetros–, por lo que “podríamos hablar de un buque de Estado español”.

Descartan, asimismo, la procedencia inglesa –las medidas no encajan con los pies ingleses–, sueca –los muñones están en otra posición–, holandesa –culatas y muñones son diferentes– y francesa –con cascabeles más cortos–. “Con mucha precaución podríamos decir que son cañones españoles fundidos entre 1650 y 1728 en Liérganes y La Cavada, Santander”, exponen los investigadores, que inciden en que las futuras líneas de trabajo sobre este hallazgo deben continuar “con la misma rigurosidad”, mejorando los trabajos arqueométricos in situ” y siguiendo un estudio “de forma no destructiva”.













