La Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, la que más casas rectorales vende de toda Galicia
Una de estas viviendas, la de Sedes, que lleva años abandonada, también saldrá a la venta
Con 422 parroquias, la Diócesis de Mondoñedo Ferrol llegó a tener similar cantidad de casas rectorales asociadas a los párrocos que ejercían su actividad. El número de vicarios no deja de caer y con ello la necesidad de mantener operativas estas residencias. En la actualidad no hay más que una o dos asociadas a cada municipio de la demarcación diocesana, de modo que su número ha caído de forma considerable, en consonancia con la merma del clero y también de la vida en las zonas rurales.
A día de hoy no quedan más que una o dos viviendas de estas en cada municipio
Son muchas las que se han vendido o recuperado en los últimos tiempos, como afirma el párroco de As Pontes, y otras 23 parroquias más, Juan Pablo Alonso Rolle, que es el Director del departamento de Bienes Inmuebles diocesano.
Para hablar de estos elementos del patrimonio eclesiástico Rolle se sitúa en la Edad Media, “una época de esplendor en muchos ámbitos, entre ellos en de la Iglesia Católica”. Ésta tiene una estructura de bienes inmuebles que obedecen, apuntan el vicario, a unas necesidades pastorales que se fueron dando, “no se trata de una inquietud por acumular o atesorar”, asevera
Añade el párroco de As Pontes y As Somozas que los monasterios de la época eran espacios para la oración, pero también constituían la copistería del pueblo, la universidad, la botica, el centro de mejora genética, por medio de las vacas de los monjes, o el centro de apicultura, etc. “Desde luego, nada que ver con esa imagen que se proyecta de la Edad Media en las series de televisión, con aquellos hombres dando vueltas y luchando contra el diablo en un claustro y sin nada que hacer en todo el día, aquella era una industria, un verdadero complejo”, afirma.
Juan Pablo Alonso explica que, en esta diócesis, con 422 parroquias, generalmente en cada una había un centro parroquial, una casa rectoral con unos terrenos agrícolas y agrarios asociados, que permitían al cura y su familia tener unas vacas, unos animales, como en cualquier casa de labranza gallega. Y también era habitual tener una parcela de monte, “como solía tener cualquier vecino, la media de las propiedades de cada parroquia acostumbra a ser muy parecida a lo que tenía cualquiera de las casas del lugar”, añade. Así, pone como ejemplo el caso de Santa María de Suegos, la parroquia de sus abuelos, en O Vicedo, “lo que había era una casa asociada a 10 o 15 ferrados de finca y otros tantos de monte, lo común para todas estas casas del lugar”.
Afirma Alonso Rolle que “todo esto cambió, la demografía es la que es, los hábitos y costumbres también fueron modificándose, el clero se fue reduciendo, las casas fueron quedando vacías, desaparecieron escuelas unitarias, teleclubs asociados a estas parroquias pero también las primeras canchas de baloncesto o fútbol que solía haber al lado de las iglesias, todo eso fue quedando en desuso, no fue un abandono propiamente dicho, fue la incertidumbre de no saber qué se hace con las cosas”.
El párroco de As Pontes destaca que es imposible mantener todas esas propiedades sin vida y actividad humana en las mismas. No obstante, afirma que “podría decirse que nuestra diócesis, de todas las gallegas, es la que más casas rectorales ha vendido, más de la mitad han pasado a otras manos”. Otras de esas residencias que quedaron vacías se consorciaron con Ayuntamientos para utilizarse durante unos 50 años. Juan Pablo Alonso explica, asimismo, que en el último consejo de Economía, celebrado hace menos de un mes, “se vendieron a precio de valor fiscal tres propiedades más a comunidades de montes”. De este modo, advierte, “se están dando pasos para que esos bienes que fueron quedando en el rural, donde, desgraciadamente, no solo se han ido quedando abandonadas las casas rectorales, sino todas las viviendas, se puedan aprovechar de alguna manera”.
Alonso Rolle también insiste en algo que siempre trata con los diferentes obispos, “la Iglesia tiene muchos bienes fruto de sus más de dos mil años de historia pero lo cierto es que, como siempre digo a los diferentes obispos que pasan por la diócesis, la Iglesia debe tener solo aquellos bienes que se utilizan”. Un ejemplo de algo que abunda dentro del capítulo de los bienes inmuebles, como indica el párroco, son los cementerios. “Hay un exceso de ellos y muchos muy mal gestionados y que no obedecen a la realidad de hoy en día, también se han hecho ampliaciones que son una apología del feísmo, lo mismo ocurre con las casas, que son numerosas y de mala calidad, construyéndose en gran número en los años 70 y los 80. También pasa lo mismo con los templos, hay demasiados que atender...”.
La Iglesia tiene muchos bienes fruto de sus más de dos mil años de historia pero yo creo que debe tener solo aquellos que se utilizan
Volviendo al capítulo de las casas rectorales, en la zona ya hay pocas operativas a día de hoy. Cada párroco de los 69 activos disponen de su vivienda, muchas de ellas son estas viejas rectorales, como la que ocupa el director del Departamento de Bienes Inmuebles en el centro de As Pontes. El resto, hasta alcanzar las casi 400, se han ido transfiriendo y, en el peor de los casos, abandonado hasta su desaparición. Una de estas casas que sigue en pié, aunque consumida por años de abandono, es la rectoral de Sedes, que la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol tiene intención de vender también. Los precios de venta de muchas de estas propiedades oscilan entre los 50.000 y los poco más de 100.000 euros.
Los precios de venta de algunas de estas propiedades oscilan entre los 50.000 y los poco más de 100.000 euros
Juan Pablo Alonso también advierte que algunas casas se emplean para usos sociales gestionadas por Cáritas. Sin embargo, no ha salido bien hasta ahora lo de cederlas a personas con escasos recursos a cambio de su conservación.









