Adiós a Nono Gómez Pérez-Ardá, el ‘capitán de la ría de Ferrol’ que guio por ella a los grandes buques
El conocido práctico de Puerto, muy querido en la ciudad, falleció el pasado viernes

Ferrol perdió el pasado viernes a Nono, “el práctico de Puerto”. Hacía años que su profesión le había despojado de sus apellidos, Gómez Pérez-Ardá, y daba la impresión de que era el único que tenía la potestad para guiar a los grandes buques entre San Cristóbal y el Segaño, en la estrechez de San Felipe y La Palma.
Conocía al dedillo cada remanso, cada corriente, el calado preciso del canal. Convivió con una radio en el salón de su casa, incluso cuando le llegó la jubilación, y se hizo con una atalaya en lo alto de Montefaro para no perder nunca de vista el mar.
‘Cerillita’ de A Magdalena, estudió en el Tirso de Molina y contribuyó a fundar la entidad de antiguos alumnos del colegio, impulsando también la creación de la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa Catalina con la que logró poner el foco en la necesidad de frenar el deterioro de esta joya patrimonial.
Culé hasta la médula, fue presidente y alma mater de la peña barcelonista de la ciudad naval. Ferrolano por los cuatro costados, no perdonaba una ‘cantada’ en la sobremesa y su casa siempre estaba abierta a los amigos.
Pero Nono, el de la voz de barítono y la carcajada sonora, el maestro paellero y conversador infatigable, el práctico que sacó con maestría al ‘Discoverer Enterprise’ del puente de As Pías, logró algo mucho más importante que todo lo anterior: fue el marido de Cani —como recordaba el sábado su esquela—, una mujer que se fue demasiado pronto, dejando una estela de generosidad y alegría sin la que su vida habría sido muy distinta.
Junto a ella, se convirtió en el padre de Nonito, de Maruxa, de Eva, de Encarna y de Lola. Y después, en un abuelo que se ocupó de inculcarles a sus nietos un canto de esperanza: “No hay quien pueda con la gente marinera”.













