Los bomberos de Ferrol, un servicio en plena evolución para poder afrontar cualquier situación inesperada
Con motivo de su nombramiento como nuevo jefe del cuerpo municipal, Carlos Núñez abre a este Diario las puertas del parque de A Gándara para conocer el día a día de estos profesionales
Para cualquier ciudadano de a pie, el parque de bomberos de Ferrol es un servicio municipal básico al que alertar en caso de emergencia. Son los que están ahí cuando hay un incendio, un accidente, un rescate... Llegan, en muchos casos arriesgan su vida y se van antes de que nadie les de las gracias.
Pero de puertas para adentro, este cuerpo ferrolano funciona, curiosamente, como un ‘microorganismo’. “Nuestros turnos son de 25 horas, desde las 07.35 hasta las 08.25 del día siguiente”, explica Carlos Núñez, el máximo responsable del parque, detallando que los servicios mínimos implican siempre nueve profesionales. El objetivo de estos horarios, detalla, es que siempre haya un solape de los que entran y los que salen “para que si nos pillan en una intervención, los que lleguen tengan un margen de casi una hora para cambiarse, prepararse e ir al lugar de la actuación para hacer el cambio”.
Así, en las instalaciones de A Gándara –que, irónicamente, pertenecen a Narón por la división territorial siguiendo el cauce del río Inxerto– la actividad es constante. Cuando no hay una emergencia, hay una sesión de formación o un entrenamiento físico. “A las nueve tienen que estar los dos turnos aquí para hacer la revisión”, detalla Núñez, apuntando que se inspecciona a diario todo el material, los vehículos y las herramientas.
Formación continua
Una vez los profesionales se han asegurado de que todo está en perfectas condiciones, comienza la práctica diaria. Esta, relata el jefe de bomberos, se diseña cada vez sobre una faceta diferente del trabajo, empleando para ello todos los instrumentos necesarios en una situación de emergencia real. El objetivo de esto es mantener ‘frescos’ los conocimientos y la práctica con el instrumental. De hecho, la gran torre de nueve pisos que se puede apreciar en la parte trasera del parque fue construida precisamente como elemento de entrenamiento.
En este sentido, Carlos Núñez apunta que la experiencia como profesional no solo sirve para saber cómo reaccionar en cada situación de riesgo, sino también para identificar elementos nuevos sobre los que trabajar, áreas o situaciones que incorporar a las mencionadas prácticas. Así, la torre, que técnicamente permanece inacabada, ha ido sumando con el paso de los años nuevos útiles, como anclajes, parabolts o mosquetones. “Los hemos ido equipando a medida que íbamos desarrollando los ejercicios y las situaciones que se nos dan en las misiones”, relata, poniendo como ejemplo un grupo de columnas donde se practican pasos de fachada con camillas.
“Hay veces que llegas y dices: ‘tendríamos que haber hecho esto así’, o que te preguntas ‘¿qué habría pasado si lo hubiésemos hecho de esta manera?’. Así que vienes hasta aquí y lo pones en práctica, y si no puedes, inventas la forma de hacerlo”, expone el profesional. En este aspecto influye también mucho las aficiones de cada uno de los miembros del cuerpo municipal. “Aquí hay ‘frikis’ de todo, de las escalada, de los vehículos, en mi caso del buceo... Y con esto, aportan sus conocimientos, su experiencia, un poco de todo, que es lo que nos va nutriendo”.

Es en este punto en el que Núñez incide en uno de sus objetivos como nuevo jefe del servicio: “crear un calendario formativo homologado con la Academia Galega de Seguridade Pública (Agasp)”. Esto permitiría desarrollar una formación certificada y estandarizada “para que todo el mundo cuente con un mismo curso”. La mayor complicación de esto es que, para obtener dicha armonización se tienen que cumplir “una serie de condicionantes”, como puede ser un número de horas mínimas. “Por ejemplo, en septiembre u octubre, por el tema de las vacaciones, realizaremos el de los nuevos desfibriladores externos (...) y el siguiente que quiero hacer es el de trabajos en altura o con elementos de altura. Elevadores, escaleras, todo eso”.
Equipación
Si la formación de los medios humanos es una faceta fundamental de este servicio, el contar con la equipación adecuada es la otra. Así, el responsable del parque explica que disponen de mucho material que podría parecer más propio de prestaciones como la de Socorrismo –por ejemplo, la embarcación zodiac o la moto de agua–, pero que siempre responden a sus necesidades operativas. “Tenemos mucha costa, pero también ríos, pantanos... En nuestro ámbito de actuación hay un montón de situaciones diferentes y por eso debemos garantizar la accesibilidad de forma independiente”.
Para ilustrar esto, Carlos Núñez cita los grandes desbordamientos del río de Los Corrales, en Serantes, donde tuvieron que entrar en las casas con el mencionado bote; o el reciente rescate de un guardia civil que se cayó por un acantilado y se rompió una pierna, siendo evacuado por mar ante la dificultad del terreno. A este respecto, también pone en valor el uso de drones, dado que ofrecen una visión de otro modo imposible, por ejemplo, en operaciones de recuperación de personas como la del agente del Instituto Armado.
Ese cuidado por el material se traslada a todos los ámbitos del servicio, desde el equipamiento específico de alturas –como un artilugio para los pies que se emplea para escalar árboles y que se usó para alcanzar a un parapentista que se enganchó en un eucalipto–, hasta los propios equipos de excarcelación o de extinción, que siempre se mantienen en los mismos compartimentos, independientemente del vehículo, para evitar la más mínima confusión. Y es que, como señala Carlos Núñez, cada situación es diferente y puede mudar en un segundo –“De repente el fuego sale al exterior y todo el procedimiento que habías pensado se tiene que cambiar”, afirma–, por lo que absolutamente todo, desde el equipo y las herramientas hasta los profesionales, deben contar con el mayor grado de preparación.













