Dánae Santiago: “No toda la deformidad de Haglund provoca síntomas”
La podóloga del Ribera Juan Cardona explica los tratamientos de esta patología del talón

Entre las imágenes curiosas que dejó el último Mundial de fútbol está la bota con el talón recortado que utilizó el portugués Pedro Neto para evitar las molestias que le provoca la enfermedad de Haglund, una patología que, apunta Dánae Santiago, podóloga del hospital Ribera Juan Cardona, es “relativamente frecuente en deportistas de impacto”.
“La deformidad de Haglund hace referencia a una prominencia ósea que algunas personas tienen en la región posterior del calcáreo, el hueso del talón”, explica Santiago antes de indicar que puede estar asociada a la inflamación de la bursa retrocalcárea y a la tendinopatía del tendón de Aquiles”. La podóloga incide en la importancia de diferenciar ambos términos, pues hay pacientes con deformidad de Haglund que son asintomáticos y que no presentan inflamación de esos tejidos”.
Dánae Santiago comenta que las causas de esta patología son diversas. Una puede ser el calzado con un contrafuerte muy duro o rígido, que “genera mayor presión y fricción en la zona, provocando la irritación de los tejidos”, pero su aparición también puede estar asociada a ciertas actividades deportivas que conllevan saltos, carrera o cambios bruscos de dirección.
Además de la prominencia ósea, la enfermedad suele producir dolor en la parte superior del talón. “Puede aparecer inflamación de partes blandas, enrojecimiento, hipersensibilidad de la zona o incluso hiperqueratosis, es decir, durezas”, afirma Dánae Santiago, que subraya que el dolor “suele empeorar con la actividad, ya sea jugar, correr, caminar o incluso ir a trabajar con un calzado rígido”.
¿Cómo se debe tratar? Para la podóloga, inicialmente hay que aliviar la presión en la zona afectada y desinflamar los tejidos. Para ello se utilizan soportes plantares hechos a medida, “buscando corregir las alteraciones biomecánicas que aumentan la sobrecarga en el talón”.
Pero hay otras opciones. Una de ellas consiste en buscar “contrafuertes muy flexibles” o, como hizo el futbolista Pedro Neto, “abrir una ventana en la zona de la prominencia”. También está la fisioterapia, la terapia manual o las ondas de choque, así como el uso de antiinflamatorios por vía oral o tópica, el reposo relativo y la crioterapia. Si ninguno de estos fuera suficiente, la alternativa es la cirugía.
“El tratamiento conservador, es decir, sin cirugía, no elimina la prominencia ósea y los síntomas pueden volver a manifestarse”, a diferencia de la solución de pasar por el quirófano. “La deformidad en esos casos sí se soluciona y los pacientes presentan una mejoría significativa en cuanto a dolor y función, aunque en algunos casos pueden quedar molestias residuales”, asevera.
En todo caso, Dánae Santiago insiste en que no hay un tratamiento que le funcione a todo el mundo. “El mejor”, destaca, “es el que se realiza de forma individualizada teniendo en cuenta las necesidades y el punto de partida de cada paciente, aplicando las medidas terapéuticas disponibles y trabajando de forma multidisciplinar para mejorar su calidad de vida”.










