El picudo rojo, la plaga de insectos que amenaza con acabar con parte del patrimonio vegetal de Ferrol
Esta especie de gorgojo se detectó por primera vez en la ciudad naval en el año 2022. Desde entonces, ha logrado matar a 28 de las 65 palmeras canarias que componen el inventario municipal
En los últimos cuatro años, un total de 28 palmeras, de las 65 incluidas en el inventario municipal, han muerto a causa del picudo rojo, una especie de coleóptero procedente del sudeste asiático que, desde su aparición en España en 1993, ha causado importantes estragos por todo el territorio. En el caso de Ferrol, como relata el naturalista y miembro de la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), Pablo Torrella Allegue, en un artículo para la web de la entidad Columba, el primer ejemplar de este gorgojo encarnado fue localizado en octubre de 2022 en el barrio de Esteiro, si bien el alcance de esta plaga en el área no se hizo evidente hasta varios meses más tarde.
Y es que, como explica la técnica de Medio Ambiente del Concello de Ferrol, Eugenia Revuelta, se trata de una especie “muy agresiva” que es difícil de detectar hasta que los daños son prácticamente irreversibles. “Lo que la caracteriza es que no te das cuenta de que está afectada la palmera generalmente hasta que ya es demasiado tarde, a no ser que les hagas un seguimiento, porque se introducen en el estípite por heridas, como las que se producen durante las podas, y se la van comiendo como una termita”, relata. En este sentido, la profesional afirma que los insectos “van vaciando el fuste” del ejemplar en cuestión, pero que esta situación no es evidente hasta que la corona comienza a secarse.
Volviendo al escrito de Torrella Allegue, este proceso se ilustra en el descubrimiento del segundo ejemplar de picudo rojo, o más concretamente colonia, en el término municipal. Así, se detalla que el coautor del documento, Javier López Blanco, profesional de la poda, se encontraba trabajando en una unidad de palmera canaria en la finca de un vecino de Covas –la cual presentaba tal nivel de deterioro que no quedaba más opción que talarla– cuando, al retirar la corona, se encontró “100 exemplares nas súas cápsulas en diferentes fases de desenvolvemento”.
Situación actual y tratamientos
“Esto empezó en el año 2022 y ahí se comenzaron a realizar tratamientos esporádicos”, explica el concejal responsable del departamento de Medio Ambiente, José Tomé. Concretamente, se acometieron actuaciones de endoterapia –la inyección de nutrientes o sustancias químicas directamente en el fuste– con una solución al 20% del insecticida Acetamiprid. No obstante, al comprobarse “que este método de forma illada resultaba insuficiente para conter os picos de infestación”, se implantó un protocolo “combinado e reforzado” a partir de noviembre de 2023.
Así, Revuelta expone que, a día de hoy, hay tres vías de actuación en caso de infección: Cuando se trata de ejemplares “con danos irreversibles na xema terminal”, se retira la corona y posteriormente se apea para evitar focos de contagio a otras unidades. Si, por el contrario, se detecta una afectación directa pero se considera que la palmera sigue siendo viable, se acomete una cirugía para eliminar “tecidos necrosados e estados inmaturos da praga”, además de aplicarse un tratamiento con insecticidas y fungicidas sistémicos –concretamente Boscalida y Piraclostrobina–. Finalmente, en términos generales, todos los ejemplares de titularidad municipal del concello reciben dos veces al año las mencionadas actuaciones de endoterapia, complementadas con la aplicación de abono nutricional Endopalm y “duchas” en el meristemo con insecticida deltametrina y bioestimulantes, además de emplearse nemátodos entomopatógenos –un tipo de gusanos parasitarios que son letales para esta clase de insectos–.
“Hubo algunas palmeras que se pudieron salvar, pero otras no porque tenían ya la corona muy seca, lo que es la yema terminal”, relata la técnica. En el caso de las que no se han podido recuperar, se han ido talando con el paso de los años, siendo las dos últimas las apeadas la pasada semana en la plaza de Amboage. La idea, detalla, es plantar ejemplares nuevos, pero para ello es necesario esperar y asegurarse de que no habrá nuevos contagios. En este sentido, la especialista explica que los picudos emiten “sustancias volátiles” cuando el tronco se está pudriendo, atrayendo más ejemplares, y como parte de su ciclo vital lo realizan en la tierra, no se puede repoblar la zona hasta que se garantice que el sustrato está libre de ellos y que no puedan infectar otras unidades cercanas.
Inventario municipal
Tal y como avanzó el departamento que dirige José Tomé, el inventario municipal incluye un total de 65 palmeras canarias, de las cuales en los últimos cuatro años se han perdido 28. Los ejemplares fallecidos, por tanto, son dos de los once presentes en la plaza de Amboage; el del baluarte de San Xoán; los dos de la calle Ortigueira; la de la intersección entre Cedeira y As Somozas, en Recimil; las cuatro de O Inferniño; las ocho existentes en el paseo marítimo de Caranza; una de las dos en Vilarrube; cinco de las seis en Armada Española, la unidad de la avenida de Castelao y las dos de Lope Figueroa; una en el parque Pedro Carvajal y otra en la calle Ejército Español.
El problema, como apunta en su escrito Pablo Torrella Allegue, es que muchos de estos ejemplares en Galicia en general y en Ferrolterra en particular, pueden carecer de valor económico –en España, a este respecto, solo sería una problemática en Elche y Orihuela, dada su producción datilera–, pero no patrimonial. A modo de ejemplo, las once unidades de Amboage fueron plantadas en 1918, lo que quiere decir que tan solo existe una persona en todo el término municipal, María Quintas, que las supere en edad. Asimismo, el documento también recuerda que muchas de estas palmeras fueron plantadas junto a las residencias indianas como “homenaxe á emigración galega notroura ás Américas”.
Otro reto que supone la retirada tanto de estas palmeras como de otras unidades vegetales con cierta consideración histórica es que presentan importantes dificultades técnicas a la par que “sentimentales”. En el caso concreto de la plaza de Amboage, donde también se retiraron varios cedros centenarios, Revuelta detalla que, además de que se desconoce hasta qué punto las raíces de las diferentes unidades están entrelazadas –lo que hace muy complicada la eliminación de los tocones tras los apeos–, se trata de árboles que no son adecuados, por su tamaño y ciclo de vida, para los espacios en los que estaban, generando problemas que nunca se tuvieron en consideración cuando se plantaron.
Reposición
“Estamos estudiando reponer los ejemplares con especies que vayan con el entorno, pero siempre con informes técnicos, que son los que saben”, señala José Tomé, incidiendo en que se trata de una situación que se repite en muchos otros puntos del municipio, en los que, al desarrollarse calles y avenidas, se cultivaron árboles de gran valor estético pero que, años más tarde, comenzaron a romper las aceras y la calzada. Esto, como apunta Eugenia Revuelta, afecta también a las propias unidades vegetales, que “no van a poder crecer bien y van a tener que podarse de forma constante”, algo que no debería hacerse de estar sano. De este modo, en el caso de las palmeras de Amboage, lo que se plantea es si se deben repoblar, una vez esté garantizado que el sustrato esté libre de picudo rojo, con ejemplares de la misma variedad para mantener la “alineación” con la calle Real o si emplear de otros tipos con ritmos de crecimiento diferentes para armonizar el espacio a medida que las más antiguas van completando su ciclo vital –como las datileras o las washingtonias–.
En cualquier caso, la adopción de medidas dependerá de la propia evolución de la plaga durante los próximos años. A día de hoy, por ejemplo, no existe un protocolo unitario a nivel europeo, por lo que tampoco se ha diseñado un plan para su erradicación. Hasta que esto suceda, la única opción de los municipios será resistir y salvar cuantos ejemplares se pueda.












