Eva Lorenzo, voluntaria ferrolana: "Somos el futuro, ayudar a los demás es ayudarnos a nosotros"
Esta joven de Canido colabora con Manos Unidas ha participado en un campamento en Hoge Rielen, Bélgica
Eva Lorenzo Cobb es una de las jóvenes que se ha incorporado en los últimos meses al grupo de voluntariado de Manos Unidas. Esta alumna de Filología Inglesa del barrio de Canido siempre saca tiempo a sus quehaceres diarios y sus estudios para ayudar en lo que se le indique desde la asociación. En los últimos días acaba de regresar de un viaje a Bruselas, donde tomó parte en el World Camp, celebrado en Hoge Rielen.
¿Cómo ha surgido su participación en el campamento?
Manos Unidas tiene muchos proyectos y actividades para los jóvenes los cuales anuncian por un canal de WhatsApp destinado a ello. Este campamento surgió nuevo este año, financiado por Erasmus +, y buscaban gente con buen nivel de inglés (el cual quiero creer que tengo ya que soy estudiante de filología inglesa), así que me aventuré a ello con mucha emoción.
¿Qué pensó cuando supo que había sido seleccionada?
Para ser elegida había que pasar por una entrevista, así que pensé que a lo mejor era algo para gente con más experiencia, por lo que me asusté un poco. Después, al ser seleccionada, me sentí muy feliz y orgullosa de poder embarcarme en este viaje y ser de ayuda.
¿Cómo ha sido la experiencia y en qué consistía vuestro día a día allí?
Sinceramente, fue una experiencia que me nutrió mucho. Cada día había varios ‘Workshops’ entre los que elegir temas sociales, humanitarios, artísticos... Yo intenté tomar parte un poco de todo, actividades más teóricas, de diálogo y manuales. Pienso que la diversidad siempre debería estar presente en el aprendizaje. Además teníamos tareas para hacer por grupos como limpiar los baños, fregar, barrer o limpieza en general de las instalaciones. También disfrutamos de ratos libres, aunque la verdad que todo en general era bastante libre, nadie te obligaba a nada. En esos momentos aprovechabas para conectar con la gente, pasear en bicicleta, había muchas libres para quien las quisiera usar; pasar ratos con ‘Wasabi’, el perro de terapia, y el bar. Yo me había hecho voluntaria para trabajar en el bar en algunos momentos libres.
Me encantó interactuar con tantas personas distintas y servirles cerveza mientras aprendía a tomar los pedidos en belga. Ver a la gente reír alrededor de una preciosa y gran fogata fue maravillo también. Al final del día, solíamos hacer unas reflexiones en grupos llamados ‘Nests’, y hablábamos de lo que aprendíamos en los ‘Workshops’, de cómo nos sentíamos e intercambiábamos ideas. Además, había actividades especiales cada día. Por ejemplo, la primera jornada todas las organizaciones organizábamos stands y nos presentábamos a la gente, explicando quiénes somos y qué hacemos, entre otras cosas.
Agradecería que en Ferrol más jóvenes se signifiquen con diferentes ONG
Otra de las propuestas era para conocer bailes tradicionales. Y también una presentación de unas invitadas especiales de Latinoamérica para contarnos sus proyectos. Este fue un momento tan emotivo e inspirador que lloré. Me recordó que hay muchas luchas de las que no tenemos ni idea y que merecen el mismo reconocimiento y apoyo que las que aparecen de forma constante en las noticias. Estas invitadas eran María Alejandra Hueje Dagua, de Colombia, de la organización Ordeurca; Ana Patricia García Lopez, de Guatemala, del prpoyecto Afopadi; Elisabeth Huanacchire Chilo, de Perú, de la organización AVME; y María de los Ángeles Cumbachi Sanamare, de Bolivia, del programa Nina.
¿Con qué se queda de lo vivido?
Me quedo con la esperanza de ver que un mundo mejor es posible. En el campamento había gente de todo tipo y conseguíamos congeniar en paz y comunidad, ayudarnos los unos a los otros y respetar nuestras diferencias. Se estaba honrando de forma natural la “Cultura de la Diferencia”.
Este proyecto destaca la solidaridad de los jóvenes. ¿Crees que hace falta mayor implicación?
La realidad de cada persona es distinta, así que no voy a generalizar ya que, a fin de cuentas hay gente muy buena , muy activista y que, sinceramente, quiere ayudar por todo el mundo. Sin embargo, creo que toda ayuda es buena, así que agradecería que aquí en Ferrol más jóvenes se signifiquen con diferentes ONG. A fin de cuentas, somos el futuro, así que ayudar a los demás es ayudarnos a nosotros mismos a la larga.
¿Has conocido algún caso que te llamara la atención en Bélgica?
Sí, en el campamento había gente muy brillante y proactiva. Pero en específico había un chico belga, Oskar, que tenía un carisma natural y una enorme disposición por ayudar a los demás. Nos contó cómo, ya desde pequeño, intentaba luchar por mejores condiciones para la gente. Por ejemplo, cuando estaba en el colegio se dio cuenta de que las máquinas expendedoras de bebidas generaban mucho plástico, así que propuso cambiarlas por máquinas para rellenar, reutilizando la misma botella. El director le dijo que tenía que recoger firmas, así que él y sus amigos movieron cielo y tierra hasta reunir tantas que casi resultó la escuela entera. Actualmente viaja mucho y participa en acciones como Unesco Youth Forum.
¿Cómo está siendo tu experiencia en Manos Unidas?
Esta labor me está enseñando mucho, aparte que lo disfruto. El ambiente es muy acogedor, dinámico y espero que salgan muchas cosas buenas de ello. Me quedo con que cada pequeño esfuerzo que hacemos, seamos parte de una organización o no, es muy valioso. ¡Nunca dejemos de luchar. Con nuestras manos unidas somos más fuertes!













