Juan Muñiz | “En cuatro minutos y medio cambiamos el tablero que rompió Sabonis en A Malata”
Director gerente del desaparecido Patronato de Deportes de Ferrol, era el máximo encargado de unas instalaciones deportivas que cumplieron con creces

Que los niños y niñas de Ferrol quisieran hacer deporte en sus colegios durante generaciones es, en gran parte, mérito de Juan Muñiz. Con él empezó todo porque, de su mano, comenzó a andar un Patronato al que hoy muchos echan de menos y que se centró, por encima de todo, en ayudar a los centros educativos a equiparse y a motivar a la chavalada, a darles importancia.
Las ligas, las ceremonias de fin de temporada donde nadie se quedaba sin medalla, aquellas jornadas inolvidables del ‘Deporte na Rúa’ en las que A Magdalena se convertía en una pista polideportiva, la Semana Blanca cuando se llevaba a adolescentes a aprender a esquiar en Andorra o las galas que anualmente premian a los deportistas, tienen su sello.
Pero a Muñiz, que ahora tiene unos estupendos 84 años, le tocó también echarse al hombro la responsabilidad de encargarse del pabellón de A Malata durante la celebración del Mundobásket, un reto del que, como todos los que asumió en su larga carrera, salió airoso. Él había hecho baloncesto en Bazán, en el Churruca, cuando estaba de aprendiz, pero pronto se pasó a su amado balonmano.
Después entró, además, de profesor de Educación Física en el Concepción Arenal y fue ahí cuando lo llamó el Concello para establecer las bases del organismo municipal de deportes. Tres años más tarde —a finales de los setenta— ganó la plaza, acabó dejando sus otros empleos y fue capaz de asumir una actividad frenética y compaginarla con los estudios de INEF primero, en Madrid, y de un máster después, en Barcelona.
La fuerza de Sabonis
Entretanto, en el verano del 86 “mi cometido era tener todo a punto y en forma. La semana anterior de que empezase el campeonato hicimos una reparación grande porque había goteras. Menos mal que no llovió porque, si llegase a llover, habría que suspender partidos. Mi misión era el mantenimiento de las instalaciones, tener todo listo para que las selecciones pudiesen entrenar y jugar los encuentros, distribuir horarios... Y, bueno, tratar de que no se juntasen”, todo esto bajo estrictas medidas de seguridad.
“Allí no entraba nadie sin escapulario”, bromea Muñiz, en referencia a la acreditación. “Estaba todo lleno de policías y habían venido también de Israel, andaban de paisano. Es más, al alcalde, a don Jaime Quintanilla, no le dejaron pasar porque iba sin ella y tuve que ir yo a hacerme responsable y que le diesen permiso”, recuerda.
A su cargo estaba un equipo, con Andrés Bogo a la cabeza y “cinco o seis más”. Asimismo, habían reforzado el equipo de limpieza e incluso habían “entrenado la rotura de tableros, que en aquel momento era muy normal porque los hacían muy delgados”. Y, efectivamente, fue lo que pasó. La rotura más famosa no se produjo, no obstante, durante el juego, sino en un entrenamiento de la URSS, siendo el culpable Arvydas Sabonis.
“En cuatro minutos y medio lo colocamos”, sentencia, como si fuese lo más normal del mundo: “Bueno, teníamos todo preparado allí en el pasillo. La tabla nueva con el marco, la herramienta a punto, la escalera... Los tíos alucinaban, nos preguntaban cómo había sido posible. Y lo era porque estaba todo previsto”.
Afán de protagonismo
Reconoce Muñiz que aquellos días durmió “poco” porque no paraban. “Terminaba un partido y había que preparar todo, limpiar, dejarlo a punto. Además, había poco margen de tiempo entre uno y otro. Después, poner las banderas a primera hora y sacarlas de noche para que nadie las robara porque desaparecieron dos”, rememora.
¿Y al acabar? “Pues a descansar”, resume, reconociendo que nos felicitó todo el mundo, quedaron encantados. Es más, yo aún tengo alguna insignia que me habían regalado”. Admite que el Mundobásket “fue muy especial, yo nunca había vivido algo así, pero sabíamos lo que había que hacer y lo hicimos”.
Además, aunque el Concello y el comité organizador hubiesen tenido varios desencuentros en los meses previos, sostiene Muñiz que “el alcalde siempre apostó por esto. Lo que pasa es que había gente en el Ayuntamiento que, al verse que no tenían tanta participación”, generaron tensión.
Que vuelva el Patronato
Juan Muñiz prolongó su actividad laboral como gerente director del Patronato hasta que cumplió 70 años, y “si pudiese seguir, seguiría, porque me encontraba perfectamente y era lo que me gustaba”. Con él, se fue su ‘hijo’, el Patronato, que desapareció en 2012 y no pierde la esperanza de que se vuelva a recuperar porque, incide, en ciudades como Pontevedra sigue dando buenos resultados.
Sin embargo, todavía queda en la Concejalía de Deportes gran parte de su esencia de la mano de la coordinadora, su hija Cristina, que ganó la plaza. “El problema es que no tiene tantas atribuciones ni tantos medios. Yo tenía más autonomía y las cosas pequeñas o medianas las resolvía directamente. Las grandes no, claro, tenía que consultarlas. Así que me daba otra agilidad”, asegura, confesando que, a pesar de estos cambios, para él es un “orgullo” que ella haya cogido su testigo.












