Malú López: “El Mundobásket del 86 fue para mí un antes y un después en mi carrera, es emocionante recordarlo”
Cuando se celebró el campeonato tenía 25 años y trabajaba de fotógrafa para el Concello, lo que le brindó la oportunidad de vivir muy cerca de las selecciones

La ferrolana Malú López acababa de presentar su trabajo de final de carrera en el prestigioso Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya sobre La Fura dels Baus cuando decidió volver a Galicia. Empezó a trabajar como fotógrafa oficial del Concello de Ferrol en aquella corporación de Jaime Quintanilla y Fernando Miramontes y, por si esto fuera poco imponente para “una niña de 24 años largos, casi 25, pero mucho más guerrera de lo que soy ahora”, a esta reconocida profesional le tocó cubrir el Mundobásket 86 intensamente.
Todavía guarda los banderines y los pines de las seis selecciones, regalos que le recuerdan el vínculo que estableció con aquellos chicos a los que supo mirar por dentro, más allá de sus equipaciones deportivas. “Yo era una fanática del baloncesto y tenía que documentar todo: entrenamientos, hotel, partidos... En el Almirante llegué a montar un pequeño plató en el que los retrataba con Polaroid”, rememora, llamando la atención sobre que “no les dejaban moverse, incluso cuando iban al baño se ponían en alerta aquellos vestidos de gris”.
Ella tenía un acceso un poco más libre que el resto de fotógrafos que debían cumplir con los perímetros de seguridad, “por eso me pedían los colegas si podía avisar, por ejemplo, a Kurtinaitis para que saliera por la cocina” y que pudiesen ‘dispararle’. Él y Homičius, ambos lituanos, sabían un poco de inglés, “otros de la URSS eran más cerrados”, así que fluyó la comunicación con ellos.
Alma de retratista
“Estaban locos por comprar ropa para sus hijos, para sus novias y mujeres, así que los llevamos a A Coruña y también a Alcampo. Tengo fotos muy curiosas en las que se ve que los burros, donde estaban colgadas las prendas, les llegaban por la ingle”, dice, entre risas.
Rememora también, con emoción, un retrato exterior que pudo hacerle a uno de ellos en la zona de A Malata y cita a los uruguayos con su inseparable termo de agua para cebar el mate, insistiendo en que “eran gente muy cercana”.
En la cancha, Malú López se situaba junto al resto de colegas bajo la canasta a lanzar ráfagas para coger la jugada deseada, “hacía muchas fotos, también en los entrenamientos, que se vendían. Y a mí no me gustaba nada disparar con motor, tampoco lo hago ahora en digital, yo voy una a una”. No es de extrañar, con aquellas intensas jornada, que el Mundobásket fuese “un antes y un después en mi carrera”.
Cuenta, para ejemplificarlo, que durante un partido se supo que había muerto el padre de un jugador —podría ser de Angola, puesto que se guardó un minuto de silencio que recogió la crónica— y ella renunció a ir con sus colegas a rodear al joven. “Me dijeron que no tenía alma de reportera, porque no me aprovechaba, y era verdad”, relata Malu López, que siempre fue más de retratos.













