Manoel Tato (Briegal): "No salvamos vidas en Venezuela, pero acompañamos a la población, allí están muy, muy solos"
Desde la entidad hacen balance de su reciente intervención en la que se ha echado en falta el apoyo del Ayuntamiento de Ferrol

Cuando todavía llegan noticias de milagros entre los escombros en Venezuela, los miembros de la ONG ferrolana Briegal, que participaron en las operaciones de búsqueda y rescate en el país caribeño, ya están de vuelta en la zona haciendo frente a sus quehaceres diarios al tiempo que recomponen sus cuerpos y almas de lo que allí han vivido.
Manoel Tato es el presidente de la organización, integrada por bomberos profesionales y expertos de emergencias de toda Galicia. El responsable explica que, como suele ser habitual, cuando tuvieron conocimiento del terremoto, “su intensidad, duración y profundidad, ya sabíamos que iba a ser algo muy serio, parecido a lo que nos habíamos encontrado en Turquía”. Así, se pusieron en “modo alerta y a monitorizar las informaciones que iban llegando, y activamos nuestro protocolo de activación”. Explica que ellos lo tienen “prácticamente todo preparado para salir” pero, como en anteriores ocasiones el primer problema es el transporte. “No había vuelos, aunque en el aeropuerto de Caracas se reservó una pista para la ayuda humanitaria, pero aquí no debían enterarse o no querían hacerlo”, lamenta. Finalmente, una vez se movilizaron, recogieron sus equipos y se trasladaron a Madrid. Su vuelo para la localidad venezolana de Valencia no salió hasta casi 14 horas más tarde de lo que les habían indicado. Un hecho que generó gran frustración en el grupo, que sabe bien que cada hora que pasa “es crucial para poder encontrar gente con vida”. De hecho, explica Manoel Tato que la brigada de Euskadi que iba a formar equipo con Briegal decidió no salir de viaje “porque pensaron que dado el tiempo transcurrido su función allí ya no iba a ser necesaria”.
El equipo que desplaza la ONG es ligero, dando prioridad a sus perros, “debemos movernos rápido, actuar sin demora, realizando labores en superficie”.

El grupo de voluntarios, dos bomberos de Ferrol, uno de Navantia, otro de parque de As Pontes y dos más de A Coruña, que se unieron a unidades caninas de Asturias y La Rioja, arribaron a tierras venezolanas en la madrugada del 28 de junio, tres días después del doble seísmo que sacudió al país, algo que, inevitablemente, genera en ellos una rabia e impotencia “difíciles de digerir”.
Incluidos en el dispositivo que controlaba la Dirección General de Protección Civil, los profesionales de Briegal enseguida comprobaron sobre el terreno la magnitud de lo sucedido allí. “Nos trasladaron a La Guaira, la zona con mayor destrucción, lo que más llamó nuestra atención fue el gran tamaño de los edificios y la cantidad de escombros que allí había, no se presentaba como un trabajo sencillo, ya que los posibles supervivientes podían estar sepultados bajo toneladas de restos”, un trabajo más apropiado para la maquinaria pesada.

La organización en el país, indica, fue la esperada. “En estas catástrofes siempre hay desorganización, nadie está preparado para un daño de esta magnitud, el orden que hay es espontáneo, el de los propios damnificados que con sus manos o herramientas rudimentarias intentan retirar escombros y ayudar”.
Pese a que en ninguno de sus operativos lograron obtener señales de vida, el grupo se queda con la experiencia de que “aunque no hayamos rescatado supervivientes, el estar allí y poder confirmar en un porcentaje alto que no hay vida servía para reconfortar de algún modo a esas personas que se aferran a un hilo de esperanza; es un consuelo mínimo, claro, pero ayuda”.
El responsable de Briegal sostiene que cuando se decide poner fin al dispositivo de búsqueda es otro momento complicado para la población afectada. “Puede ser duro, pero también es importante tener claro cuando molestas y no haces falta. Con las familias postradas frente a los edificios en ruinas tu llegada no hace más que avivar una esperanza que puede convertirse en una tortura, más que otra cosa, para ellos, tú ya no puedes dar la ayuda que necesitan”. Y es que, como precisa Tato, la ONG que preside busca vidas, no cuerpos. “Para recuperar un cuerpo no se puede arriesgar otra vida, nosotros buscamos supervivientes y ahí sí que se hace lo humanamente posible”.
Grupo gallego
Manoel Tato ya se desplazó en 2023 al terremoto de Turquía y a las inundaciones de Libia, habiendo sido requeridos por la organización Cans de Salvamento de Galicia (Casaga). Fue en el ámbito internacional donde constataron la presencia de grupos similares a Briegal. “En Galicia no había nada así y por eso decidimos constituir la asociación”, rememora el responsable de la organización, que se nutre de sus cuotas de socios y alguna ayuda para la adquisición de material que ha ido recibiendo de la Xunta y la Diputación de A Coruña.
Tato explica que cuando supieron lo de Venezuela no lo dudaron. “Hay muchos venezolanos residiendo aquí y fueron muchos los que en su día emigraron al país caribeño, entre ellos mi abuelo, que tenía casa en La Guaira. No era normal que Galicia no tuviera a nadie desplazado para colaborar con una catástrofe como la que están viviendo tras el doble seísmo”. También tiene palabras de agradecimiento para la población local que, pese a estar viviendo un auténtico infierno, siempre tenían palabras de agradecimiento y aliento para los equipos de rescate. "Muchas veces eran ellos quienes nos animaban a nosotros tras una búsqueda infructuosa", afirmaba Tato.
No sería normal que Galicia no tuviera medios desplazados a Venezuela con los lazos que nos unen a aquel país
Explica este bombero ferrolano que les hubiera gustado poder hacer “una evaluación de las necesidades del país” tras la devastación. “Ahora van a recibir ayuda humanitaria a chorro y es cuando hace falta que todo lo aportado se canalice debidamente y se hagan bien las cosas, lo que va a pasar esa gente no es sencillo”.
Una vez en sus hogares y con sus familias la ayuda entre el grupo es “fundamental” para que lo vivido no cause mella en su día a día. “Hablamos de todo y no nos dejamos nada dentro para evitar posibles frustraciones o cambios de ánimo”, explica. En las primeras horas el cansancio es lo que más pesa todos ellos y luego llega el “golpe de realidad” de mano de los problemas de un país subdesarrollado. “Llegar aquí y ver que en los medios se habla más del cambio de “look” del futbolista de turno que de Venezuela te hace resituarte de nuevo”, precisa Tato.

Los voluntarios desplazados a venezuela pudieron comunicarse nada más llegar con sus familias, que viven su ausencia con una mezcla de “orgullo y temor”, explica Tato. “Hay veces que nos pasamos muchas horas sin poder entablar contacto con ellos y eso se lleva mal, encima hay ocasiones que les llega una información que nada tiene que ver con lo que vives tú en la zona, por ejemplo aquí en España durante nuestro desplazamiento allí se hablaba de una serie de réplicas que ninguno de nosotros llegamos a sentir pero que tuvo preocupadas a nuestras familias”.
Apoyo institucional
Los voluntarios de Briegal no buscan premios a su labor desinteresada en esta u otras ocasiones, no obstante sí que han extrañado alguna mención por parte del ejecutivo ferrolano. “Las medallas que nos entregó el gobierno venezolano al terminar nuestro trabajo deberían habérselas otorgado a la población por su paciencia, entrega, esfuerzo y palabras de cariño y ánimo cuando ellos eran los devastados” afirma Manoel Tato, quien, no obstante, sí que ha echado en falta algo de apoyo por parte del Concello de Ferrol, en tanto que los allí desplazados pertenecen a una ONG creada por bomberos ferrolanos y con sede a la ciudad naval. “Nos envió un mensaje la concejala de Seguridade, Pamen Pieltain, deseándonos suerte antes de partir hacia Venezuela y eso fue todo”, asevera. En el caso del Ayuntamiento de A Coruña, éste les cedió el vehículo con el que pudieron trasladarse todos juntos hasta Madrid

Las medallas que nos entregó el gobierno venezolano se las merecen en realidad los residentes por su paciencia, entrega, esfuerzo y palabras de cariño y ánimo











