Chiqui Barros: “El Mundobásket fue maravilloso, toda la vida de Ferrol giró en torno a esto”
Entrenador y escritor es el autor de la única publicación que se ha hecho sobre la experiencia del Mundial en la ciudad, que él vivió en primera persona
Para una persona que a los seis meses de vida estaba viajando en el autobús con la plantilla del OAR para asistir por primera vez a un desplazamiento al que seguirían mucho más, que su equipo hubiese conseguido convencer a la FIBA para organizar una de las fases del Mundobásket 86 fue lo mejor que le pudo pasar en aquel momento.
Chiqui Barros, el hijo de Antonio —que fue fundador, presidente e incluso entrenador del emblemático club verdiblanco—, no solo vivió aquellos días de julio como un espectador más, sino que también tuvo la suerte de formar parte de la plantilla de estadística, la primera informatizada de un Mundial de baloncesto.
“No tenía ni 20 años y ver aquello con esa edad te marca porque estás empezando a vivir, a aprender cosas y a tener experiencias. Fue una vorágine, no solo desde el punto de vista deportivo, sino por todo lo que supuso para la ciudad. En el momento no eres muy consciente, pero cuando pasa el tiempo, como ahora, 40 años, te das cuenta de la suerte que fue poder haberlo vivido”, reconoce el técnico ferrolano, que no puede evitar emocionarse cuando habla de su progenitor, fallecido el pasado mes de abril.
“Él me aconsejó que dejara de jugar porque veía que podía llegar a ser un buen entrenador. En Ferrol, por aquel entonces, jugaba todo el mundo y el nivel era altísimo. Me daba cuenta de que yo era un jugador del montón, había muchos infinitamente mejores que yo, y siempre me tiró entrenar. Cuando acababan los partidos de aquel OAR de Luis Ruibal, Emilio Beceiro, Guse y Veiga, mi padre me hacía una entrevista sobre lo que había visto, me grababa, y se la ponía a los jugadores”, rememora, enumerando que con 12 años ya guió a su primer equipo y con 18 ya tenía el título de preparador nacional.
“El Mundobásket se pensó como una forma de darle continuidad al sueño de una ciudad entera que vio cómo su equipo llegaba al máximo nivel y supuso un impulso todavía mucho mayor a la afición al baloncesto en un lugar que era de baloncesto, que lo es todavía hoy en día, y que ojalá lo siga siendo los próximos 50 años y más”, desea Chiqui Barros, viajando en el tiempo hasta los meses previos al pistoletazo de salida del campeonato mundial.
Ojímetro y olfato
“Fue IBM la que se encargó del tema estadístico y nos mandaron a Madrid a Javier Lorenzo, Antonio Montero y a mí a aprender”, confirma. Allí les dieron una formación acelerada y se vinieron de vuelta con la preocupación de que “veíamos que era muy difícil”. Sin embargo, finalmente fue todo mucho más sencillo porque a los mandos de los macro ordenadores que se distribuyeron por las mesas de las sedes estaba un técnico especializado “y lo que hacíamos nosotros era radiarle el partido. Entonces, le decías: ‘Número cinco, tiro de dos; falla, rebote defensivo del número seis’, y aquel hombre iba metiendo los datos. Se entregaban en el descanso y al final. Todo el mundo las tenía, cosa que no había pasado nunca”.
“Eran un poco diferentes a las de ahora”, prosigue Barros, “porque una cosa es la estadística avanzada y el análisis que se puede hacer. Siendo yo un defensor a ultranza de que lo que nunca te engaña es el ojímetro ni el olfato, te ayudan a comprender si vas por el buen camino porque lo corroboran los números, y aquellos del Mundobásket, que aún conservo en una carpeta, tuvieron un enorme valor, incalculable. Fue una experiencia muy bonita que, aparte, me permitió disfrutar como espectador y ser partícipe de algo maravilloso que estaba ocurriendo en mi ciudad”.
A mayores, Chiqui recuerda ir a A Malata ya para ver los entrenamientos, en su caso, para empaparse también de los grandes que dirigían los banquillos, además de las estrellas del balón: “La Unión Soviética con Vladimir Obukhov de entrenador; Australia, con Adrian Hurley; el estilo cubano de Carmelo Ortega; Israel, con Zvi Sherf o ver a Angola con Victorino Cunha, que había hecho cosas y era un baloncesto completamente diferente, sin pívots, jugando abiertos... Tácticas que, en el fondo, eran muy innovadoras. Como el Uruguay de Tato López, con otro maestro sudamericano como era Etchamendi como técnico”.
‘Mundobásket 86, Ferrol, 5-10 de julio’ fue el vigésimo sexto cuaderno de ‘FerrolAnálisis’, editado por el Club de Prensa en 2013, firmado por Barros e ilustrado con las fotografías de José Mauriz. Con un par de libros publicados antes y otros dos en la cabeza para un futuro próximo, uno técnico y otro sobre el baloncesto ferrolano, poder publicar este fue para él “un orgullo” al narrar “algo que fue muy importante en nuestra historia”.












