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Ferrol

Noventa años de los planos que delinearon el Ferrol del presente desde un estudio donde se trabaja en el futuro

Nemesio López cogió el testigo de Rodolfo Ucha Piñeiro en el urbanismo ferrolano y trazó algunos de los edificios más icónicos, por los que hoy nos guía su nieta, la tercera generación de arquitectos

Magdalena López arquitecta
Magdalena, con los dos majestuosos edificios de su abuelo de fondo
Jorge Meis
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La brillantez de Rodolfo Ucha Piñeiro, las lucidas modas por las que le tocó transitar y su larga carrera profesional dejaron tras de sí un gran legado que eclipsó, en parte, a otros grandes nombres que salpicaron Ferrol con sus obras, modernizaron la gestión del urbanismo municipal y lograron ensanchar el casco urbano a base de sentarse en los caminos a explicarle a aquellos campesinos que vivían en San Xoán y el ‘Caballo Blanco’ los beneficios que supondría ceder unos metros al Concello. 

Todo eso hizo Nemesio López Rodríguez, el primero de una estirpe de arquitectos que este 2026 celebra los 90 años del estudio que él fundó en la calle del Hospital, ahora Concepción Arenal. Después de compartir espacio con su hijo, Nemesio López Alvargonzález, es su nieta Magdalena quien está al frente de un negocio familiar que atesora más de 6.500 proyectos. Trazos que no solo hablan de construcciones de todo tipo, sino también de los grandes cambios que durante nueve décadas se han ido produciendo en el oficio y, sobre todo, en la sociedad. 

Magdalena López arquitecta
Magdalena en el estudio, con los dos edificios sobre el papel
Jorge Meis

Darse un paseo con ella por el barrio con el que comparte nombre es un ir y venir de datos, empezando por el de su propio nacimiento, en la antigua clínica de San Javier que diseñó su abuelo —actual Abanca, en la plaza de España con Galiano—, justo debajo del emblemático reloj. Apenas lo conoció, porque falleció cuando tenía solo ocho años, pero su progenitor, al que muchos conocían por el apelativo de Curro, era un maravilloso narrador de historias que supo dejarle en herencia el anecdotario familiar y su pasión por la arquitectura. 

“Me contó sobre él que, para decidir de qué color pintaban una fachada, por ejemplo, proponía que se preguntase a los vecinos de enfrente, que eran quienes lo iban a ver. A mi padre, además, lo veías tan feliz relatando lo que vivía en las obras que te enganchaba y querías saber de qué iba todo eso”, recuerda Magdalena, que no es la única hija que escogió el oficio, pues el tercer Nemesio de la familia, su hermano, hizo lo propio. Además, su tía Carmen ejerció siempre de técnica en el estudio y su hermana Juana la acompaña ahora como administrativa. 

Reina Sofía palomar
El arquitecto trabajó aquí con el paisajista Luciano Turc y “hasta conservamos los dibujos originales de los palomares”, dice su nieta.
Jorge Meis

El polémico ayuntamiento

López Rodríguez nació en Sarria y, al no ser el primogénito, sus padres no le iban a poder dar estudios. Sin embargo, él insistió en que quería “hacer casas” y lo vieron tan decidido que el matrimonio vendió las alianzas para poder mandarlo a la universidad madrileña. Al terminar la carrera, buscando un lugar donde establecerse, “supo de Ferrol y vio que esta zona estaba creciendo”, explica su nieta, mencionando que tenía parentesco también con Ucha, por lo que este podría haber influido en su decisión. Con todo, solo diez años después le daría el relevo como arquitecto municipal, una encomienda que empezó en los complejos años treinta. 

Una de las primeras cuestiones que abordó fue la puesta en marcha de una oficina técnica, lo que sería el germen del actual departamento de Urbanismo, pues, por aquel entonces, a los delineantes había que subcontratarlos, no había nadie más que él en plantilla. “Al principio eran los del estudio, a quienes había formado, los que le hacían el trabajo”, precisa Magdalena, trasladando que era tal la fidelidad que le tenían que, incluso, siendo ya personal municipal, no dejaron de trabajar con él. 

Hotel Almirante en 2010
Remodelado posteriormente por su hijo quien, además, propuso el concurso del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia que culminó con aquella fachada multicolor pintada
Jorge Meis

Uno de los grandes retos a los que se enfrentó fue la construcción del Palacio Municipal (1953), un proyecto que no le convenció desde el principio al tener que proyectarse en un espacio público. “El Ayuntamiento tenía pocos fondos, el barrio estaba todo construido y no podían comprar terrenos”, sostiene Magdalena, “pero él no estaba de acuerdo con la ubicación, aunque finalmente era un funcionario y tuvo que cumplir órdenes”. De hecho, buscó que un colega, Vicente García Lastra, firmase con él un proyecto que se criticó entonces por ser “demasiado ambicioso”, demostrando después que fue necesario cada metro cuadrado de la superficie del edificio. 

Juntos hicieron también otros inmuebles emblemáticos, como el Cine Avenida (1944), “del que dijeron que era una locura, que los voladizos se iban a venir abajo, y mi abuelo llevó a mi abuela, embarazada, para demostrar que aguantaría”. También pronosticaron algo parecido para la manzana del Madrid-París, que lleva su sello, al igual que los pisos de la plaza de Canido. “Yo voy por la calle y sé cuáles son de mi abuelo. Le tocó un cambio de estilo. Primero, el movimiento moderno, que sí tiene algunas esquinas tipo ojo de buey; el minimalismo y los comienzos del hormigón armado. Después, el de los años cuarenta, que era racionalista, con pináculos y balaustrada... Al final, el arquitecto se adapta. Como mi padre, que hizo obra con prefabricados o con ladrillo caravista, que estaba de moda en los ochenta”, describe. 

Cine Avenida
Otro de los proyectos que realizó con García Lastra, el arquitecto salpicó además de salas de baile y cines las parroquias rurales de toda la comarca
Jorge Meis

Las ‘Passivhaus’

Los edificios habitacionales de su abuelo se concebían para familias con muchos hijos, así que estaban muy compartimentadas, “y ahora los estándares son mucho más amplios, nos vamos ajustando a las necesidades”. A López Alvargonzález le tocó ya dar el salto a la digitalización, pero “siguió mucho la línea de su padre, con muchísima vivienda colectiva”, recuerda Magdalena, citando algunos de los que poblaron la nueva avenida de Esteiro y también casas unifamiliares, centros educativos, la primera rehabilitación en el Campus Industrial —la sede de la Escola de Enxeñaría (EPEF)— o la dirección de obra del CIS de A Cabana, que fue todo un reto, sobre todo para ejecutar la complicada escalera colgada que estaba diseñada por un estudio de Madrid. “Cuando vino el autor del proyecto a la inauguración le dio la enhorabuena”, precisa, ejerciendo de hija orgullosa. 

Con la arquitectura en su ADN y el estudio de su padre como una prolongación de la sala de juegos, la vocación de Magdalena estuvo clara desde siempre. Estudió en la Etsae coruñesa y, a los 25 años, en el 2000, decidió pedir unas prácticas de la carrera en Alemania para mejorar el idioma, descubriendo cómo se estaban haciendo los edificios allí. “Nada que ver con España. Ponían el aislamiento fuera y nosotros dentro. Con espesores de 40 centímetros cuando aquí se ponían de cuatro...”, recuerda la ferrolana que, sin pretenderlo, se vio inmersa en la arquitectura ‘Passivhaus’, un estándar de construcción de alta eficiencia energética y mínimo gasto en el que se ha especializado. 

Magdalena López arquitecta
Casi va a la cárcel por este plano de 1945; la Guardia Civil vino a detenerlo, acusado de desvelar secretos de una zona militar, y alegó que el Arsenal ya había aparecido en la guía Michelin
Jorge Meis

“Podemos prever el consumo que tendrá tu casa y, en base a ello, en pleno proceso de diseño se pueden tomar decisiones”, traslada, confirmando que se hacen modelos “superexactos, porque se han monitorizado viviendas. Es parecido a lo que era aquella arquitectura bioclimática de nuestros bisabuelos, que era un poco ensayo y error, pero aquí los cálculos son precisos”, valora. 

Ilusionada porque ya están construyéndose algunas unifamiliares con su sello, avanza que “una vez que estemos asentados en esta tipología, podríamos pasar a otras”, como las escuelas infantiles o las residencias, donde el control de temperaturas y la renovación del aire son vitales. No obstante, el reto de Magdalena “es también ahora la rehabilitación energética, porque la primera norma de aislamiento es de 1979”, así que, al tiempo que se popularizan las ‘passiv’, le tocará intervenir en otras, algunas casi centenarias y con la firma de su abuelo. 

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